Exceso de leyes, déficit de cumplimiento
Cuando la autoridad se vuelve un espectador del desorden
Contrario a otros países, la República Dominicana parece sufrir de superávit legal: tenemos normas para todo, reglamentos para casi todo y sanciones previstas para mucho más de lo que realmente se cumple. El problema no es jurídico; es cultural, institucional y, a ratos, moral. La distancia entre la ley escrita y la conducta cotidiana se ha vuelto una de las grandes grietas nacionales.
Basta mirar el tránsito. Semáforos convertidos en sugerencias, motores circulando en vía contraria, vehículos estacionados sobre las aceras, giros prohibidos asumidos como derecho adquirido. La autoridad aparece, a veces, como un espectador resignado de una coreografía de infracciones permanentes. Esa pedagogía del incumplimiento termina contaminándolo todo. Si la norma no se respeta en la calle, tampoco se respeta en la economía.
Ahí entra el ITBIS. República Dominicana tiene una tasa de 18 %, una de las más altas de la región, pero exhibe uno de los peores niveles de recaudación efectiva. El dato divulgado por la CEPAL resulta demoledor: un ratio de apenas 0.38, el más bajo de Centroamérica y el cuarto más bajo de América Latina y el Caribe. Es decir, el problema no parece ser cuánto se cobra sobre el papel, sino cuánto realmente entra a las arcas públicas.
Eso revela una paradoja profundamente dominicana. Se discuten reformas tributarias como si el desafío fuese crear nuevas reglas, cuando el verdadero drama consiste en hacer cumplir las existentes. La evasión, la informalidad y la tolerancia social frente al incumplimiento erosionan cualquier sistema fiscal, por sofisticado que sea.
Ningún país se desarrolla solo aumentando impuestos. Ningún país se desarrolla legislando sobre nimiedades o duplicando normas. Se desarrolla construyendo una cultura donde la ley deje de ser ornamental y empiece, por fin, a tener consecuencias.