La velocidad que nos negamos

Gobernar para el futuro sigue siendo el gran desafío nacional

Cuando el presidente Abinader describe la República Dominicana, con cifras de crecimiento, reducción de la pobreza y mejoras en indicadores sanitarios, parecería que habla de otro país. Sin embargo, habla de este: el territorio donde convivimos más de once millones de personas, en paz, con una economía que crece a un ritmo que muchos vecinos —incluso algunos mejor dotados de recursos naturales— observan con una mezcla de sorpresa y envidia.

La paradoja dominicana consiste en que esos resultados no descansan sobre un Estado especialmente eficiente. Todo lo contrario. La fortaleza del país radica en el dinamismo de un sector privado que sostiene más del 90 % de la actividad económica y ha aprendido a prosperar pese a las limitaciones de la administración pública.

¿Dónde estaríamos si los gobiernos decidieran gobernar para el largo plazo en vez de administrar el próximo ciclo electoral? ¿Qué ocurriría si el clientelismo dejara de ser política pública y el populismo perdiera su condición de herramienta de supervivencia?

Las respuestas están a la vista. Bastaría reducir las pérdidas del sistema eléctrico, emprender una verdadera reforma fiscal que premie la producción antes que la evasión, transformar de raíz un sistema educativo incapaz de producir el capital humano que demanda el siglo XXI, transparentar sin concesiones la gestión pública y convertir los ejércitos de dependientes del presupuesto en fuerza laboral productiva.

Nada de eso exige inventar la rueda. Exige voluntad política, aceptar que gobernar no consiste en repartir favores, sino en crear condiciones para que el país crezca.

Hemos demostrado que podemos avanzar aun con el freno puesto. Lo verdaderamente extraordinario sería descubrir hasta dónde llegaríamos si, por una vez, quienes administran el Estado cambiaran las ganancias políticas de corto plazo por las transformaciones que aseguran prosperidad duradera.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.