Urgente: nuevamente la ignorancia artificial

Se trata de una prodigiosa tecnología capaz de opinar con absoluta seguridad sobre asuntos jamás estudiados

Insisto en advertir el progreso espectacular de la gran competidora de la IA: la ignorancia artificial (IgA).  Se trata de una prodigiosa tecnología capaz de opinar con absoluta seguridad sobre asuntos jamás estudiados y de convertir videos de treinta segundos en redes sociales en  doctorados exprés. Sustituye  el conocimiento por una convicción inquebrantable y, contrario a su némesis, no  fabrica inteligencia, pero consigue que nadie la eche de menos.

De prestaciones  extraordinarias, basta introducir un documento de quinientas páginas para que, en apenas tres segundos, produzca una conclusión exactamente opuesta a su contenido. Incorpora, además, funciones largamente reclamadas: refutar estadísticas sin necesidad de leerlas, desacreditar especialistas sin el incómodo requisito de haber abierto uno de sus libros y prohibir la duda por considerarla una amenaza para la autoestima del usuario.

Las aplicaciones son prácticamente infinitas. Debates políticos, campañas electorales, tertulias televisivas, reuniones familiares e incluso ciertos tribunales experimentarían un notable aumento de productividad. Se reducirían drásticamente esos molestos intervalos dedicados a verificar pruebas, consultar fuentes o cambiar de opinión frente a la evidencia.

Ignoro si escribo de un proyecto. La ignorancia lleva siglos funcionando con una eficiencia admirable. Es autosuficiente, altamente contagiosa e inalámbrica (wireless) y, a diferencia de cualquier tecnología, jamás teme quedar obsoleta. Su verdadero prodigio consiste en blindar a quien la padece contra cualquier tentativa de aprendizaje. Su innovación más brillante ha sido  transformar la ignorancia en prestigio social. Loable exhibir la ignorancia con tanta seguridad que el conocimiento termine pareciendo una vacilación.

La mona ya ni siquiera necesita vestirse de seda. La IgA encontró un procedimiento mucho más eficaz: convencerla de que el espejo le devuelve el retrato de un estadista. Lo más asombroso del algoritmo es que, después de persuadir a la mona, termina persuadiendo también al espejo. 

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.