Nos toca cambiar

La responsabilidad de los electores frente a las promesas vacías

Cambio es la palabra mágica de la política. Con ella se ganan elecciones, se despiertan esperanzas y, no pocas veces, se engatusa a los votantes. Aquí y en cualquier parte. Todo candidato promete cambiar algo, incluso cuando pertenece al mismo sistema que denuncia o al gobierno cuyos errores ahora promete corregir.

La contradicción es interesante. Ofrecer cambio supone reconocer un fracaso, propio o ajeno. Quien gobierna y pide continuar prometiendo cambios admite que algo hizo mal. Quien aspira a sustituirlo convierte esos errores en argumento electoral y se presenta como enmienda. En ambos casos, el cambio termina siendo el caramelo que se ofrece a cambio del voto.

Pero quizá hemos estado mirando por demasiado tiempo hacia el lado equivocado. El primer cambio debería producirse entre los votantes. Somos nosotros quienes debemos abandonar la pasividad con que aceptamos candidatos, consignas y promesas. Nos preocupamos demasiado por quién ganará y demasiado poco por averiguar si quien pretende gobernarnos está preparado para hacerlo.

¿Por qué no exigir a todo aspirante un currículum detallado que permita conocer su formación, experiencia, trayectoria profesional y resultados? No una biografía edulcorada por asesores de campaña, sino credenciales comprobables. Y junto a ellas, un verdadero plan de gobierno, con prioridades, plazos, costos y metas sobre las cuales pueda luego rendir cuentas.

La democracia no consiste únicamente en depositar una papeleta cada cuatro años. También supone escoger con criterio y exigir antes, durante y después.

Los políticos conocen bien a sus electores y se acomodan a lo que estos toleran. Mientras aceptemos improvisación, recibiremos improvisadores. Mientras premiemos eslóganes, nos venderán eslóganes.

El cambio, entonces, comienza mucho antes de las urnas. Comienza por nosotros. Si los votantes no cambiamos, difícilmente cambiarán quienes quieren nuestros votos.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.