Un drama de raíces profundas

La deserción materna y el silencio cómplice frente al abuso intrafamiliar

La tragedia que concluyó con la muerte de Yosnely Alvarez aún duele. Sobre todo, después de un reportaje de este diario que reveló las durísimas circunstancias en que se desenvolvió su corta existencia. 

Murió a los trece años, a cuchilladas y arrastrada por las corrientes del Yaque del Norte. Pero la destrucción de su vida comenzó antes del puñal. La victimaron el abuso, el miedo y la desprotección. 

Sus condiciones fueron desoladoras. En la casa, una sola cama para tres: la madre, su pareja y ella, con once años. La miseria impuso la promiscuidad. Cuando la madre dormía o salía, el padrastro abusaba de ella. Después, le exigía silencio.

Pocas cosas retratan mejor nuestra degradación que el empeño para escrutar la conducta de la víctima y esa parsimonia para examinar las obligaciones de quienes debieron protegerla. A una menor le exigimos prudencia, discernimiento y capacidad de defenderse. En cambio, nos bastan las explicaciones de los adultos y las instituciones.

La desolación aumenta por la deserción materna. La hija había confiado su sufrimiento a quien debía protegerla y tuvo que seguir conviviendo con quien lo causaba. El Conani intervino y llevó el caso hasta lograr una condena a cinco años. Empeño digno de aplausos. Además, arroja más luz sobre el infortunio de Yonesly: la madre tampoco declaró como testigo en el juicio.

La intervención institucional consiguió apartarla de aquel entorno y llevar al abusador ante la justicia. Fue necesario, pero, desafortunadamente, insuficiente. Yosnely escapó del hogar de paso y terminó bajo la tutela del abuelo materno. ¿Quién siguió después su vida? ¿Quién comprobó que estaba segura? ¿Quién atendió de manera sostenida su depresión, su ansiedad, su certeza de que nadie merecía confianza? Le fallaron demasiadas personas. Duele e impide que la herida social cierre.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.