Estados Unidos no amenazó a Nicolás Maduro: lo notificó previamente, y Nico apostó su suerte

Crónica de una extracción anunciada

La operación militar de Estados Unidos cambió el tablero político sin disparar una guerra civil en Venezuela. (Fuente externa)

El 3 de enero de 2026 se produjo un hecho inédito en la historia republicana de Venezuela: la incursión de tropas norteamericanas, la captura y extracción del dictador Nicolás Maduro y su traslado para ser enjuiciado en la Corte Federal de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York, bajo la jurisdicción del juez Alvin K. Hellerstein. Fue una escena que pareció escrita con tinta de fatalidad, como si el destino, cansado de esperar, hubiese decidido intervenir directamente en la trama venezolana.

El suceso no cayó del cielo ni brotó del azar. Por el contrario, fue el desenlace de una cadena de señales ignoradas, de advertencias leídas y subestimadas, de documentos publicados a la vista de todos, como cartas abiertas que nadie quiso recoger del suelo.

El 16 de octubre de 2025 tras una publicación del Miami Herald y posteriormente expuesta en las portadas de todos los periódicos que siguen los aconteceres en Venezuela, el reportero del Miami Herald afirmaba que según fuentes confiables y que habían participado en algunas negociaciones "Delcy Rodríguez habría ofrecido a EEUU un gobierno en Venezuela sin Maduro". La pregunta de las ochocientas lochas es: por qué no se puso atención o se prestó especial interés en esa publicación?

La publicación rezaba: La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, ofreció a Estados Unidos encabezar un gobierno de transición en Venezuela sin Nicolás Maduro para preservar la estabilidad política del país, según reportó este jueves el Miami Herald al citar fuentes cercanas a las discusiones.

Rodríguez y su hermano Jorge, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, junto con un grupo de altos funcionarios venezolanos, presentaron dos propuestas aprobadas por Maduro a la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, con la intermediación de Catar.

La primera oferta, presentada en abril al enviado especial estadounidense Richard Grenell, contemplaba la renuncia de Maduro a cambio de su permanencia, con garantías de seguridad, en Venezuela, donde Rodríguez asumiría la presidencia.

Este plan es similar a uno revelado la semana pasada por The New York Times en el que Maduro ofreció a Washington abrir a las compañías estadounidense sus proyectos de petróleo y oro, contratos preferentes, redirigir de China a EE.UU la exportación de petróleo, y terminar contratos mineros y energéticos con China, Irán y Rusia.

Los planes se presentaron mediante mediadores de Catar, donde Delcy Rodríguez mantiene una «relación significativa» con miembros de la familia real y tiene parte de sus activos, según el diario miamense.

Dichas propuestas «buscaron persuadir a sectores del Gobierno de Estados Unidos que un ‘Madurismo sin Maduro’ podría permitir una transición pacífica en Venezuela, preservando estabilidad política sin desmantelar el aparato gobernante»

La información trascendió un día después de que Trump autorizó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) realizar operaciones encubiertas en Venezuela y aseguró que estudia la posibilidad de ejecutar ataques contra «el narcotráfico» en tierra tras los bombardeos de Estados Unidos contra embarcaciones.

La jugada estaba planteada, escrita, organizada y notificada. La pregunta, entonces, no es si ocurrió lo inesperado, sino si aún tiene sentido hablar de elecciones presidenciales en el mediano plazo en Venezuela, o de cambios súbitos en una estructura gubernamental que, por estos días, parece más un mecanismo de relojería que un cuerpo político vivo en la patria de Bolívar.

¿Tiene sentido la genuflexa actuación de María Corina Machado durante su visita del 15 de enero de 2026 a Donald Trump, en la Casa Blanca?

¿Tiene sentido la rueda de prensa en la que María Corina Machado se dedicó a denigrar la gestión de Delcy Rodríguez en su condición de presidenta interina, como si los hechos no hubiesen ya tomado una dirección irrevocable?

Quinientos millones de dólares fueron depositados en la banca privada venezolana, representando un primer pago por el retiro de más de 31 millones de barriles de petróleo que salieron de Venezuela hacia los Estados Unidos. Este dinero se distribuyó a razón de 75 millones de dólares para cada uno de los cuatro principales bancos privados del país y 200 millones adicionales para el resto de la banca privada. Se espera, además, un envío posterior por poco más de mil millones de dólares, con el propósito de avanzar hacia la estabilización macroeconómica definitiva y sentar las bases para que las grandes petroleras y gasíferas de los Estados Unidos y del mundo se apeguen a la propuesta de Donald Trump de invertir hasta 100 billones de dólares en Venezuela.

Lo que estaba ocurriendo no era improvisado. Lejos de construirse sobre la marcha, lo que se ejecutaba era un plan estratégico que daba cumplimiento a un acuerdo del cual los hermanos Rodríguez fueron artífices, promotores y ejecutores. Bastaba seguir la ruta anticipada por la redacción de The New York Times y el Miami Herald. Y aunque la suma no sería exactamente dos más dos son cuatro, en este caso podría decirse que dos por tres son seis.

La pequeña —pero decisiva— distorsión del plan expuesto por los dos importantes medios escritos de los Estados Unidos radicaba en que la salida de Nicolás Maduro estaba planteada, o negociada, por la vía de la solicitud de «la renuncia del presidente Nicolás Maduro, la cual no aceptó».

Desde nuestra óptica, la propuesta resultaba potable para los intereses de Venezuela y altamente atractiva para los intereses de Donald Trump. La negativa de Nicolás Maduro no dejó más remedio que ejecutar los términos de la notificación, y al mejor estilo de “SEAL Team Six”, porque para el magnate de Mar-a-Lago tener un gran logro del cual presumir nunca está de más.

Para el 31 de diciembre de 2025, el dólar paralelo se ubicaba cerca de los 850 bolívares, mientras que la tasa del Banco Central de Venezuela estaba fijada en 349 bolívares. En la tarde del 3 de enero de 2026, la tasa paralela promedio superó los 1.000 bolívares. Hoy, todo pareciera estar estabilizándose y la tasa promedio ronda los 450 bolívares. Incluso, algunas tiendas ofrecen bonos de descuento a quienes pagaron en bolívares, como incentivo para atraerlos nuevamente al consumo. Quienes compraron dólares a tasas superiores a 500 bolívares por dólar hoy sienten el peso de la desesperación: la reposición total de sus divisas es, en muchos casos, un imposible, y algunos pudieron haber perdido más del 50 % de su capital. Por el contrario, quienes apostaron por la moneda venezolana han visto multiplicarse su tenencia de dólares.

La presidenta interina, Delcy Rodríguez, se ha reunido con las fuerzas políticas, económicas y sindicales, así como con el sector salud. De cada encuentro han surgido acuerdos orientados a favorecer a la población, y esos acuerdos, en política, suelen traducirse en votos.

Una reciente encuesta, filtrada por una de las encuestadoras más importantes de Venezuela y a la cual tuvo acceso el redactor de este artículo, fue realizada por vías digitales y telefónicas en 56 ciudades del país, sobre la base de 1.714 personas entrevistadas, y en 91 ciudades fuera de Venezuela, con una muestra de 8.130 personas. Los resultados indican que menos del 0,5 % de los venezolanos en el exterior están habilitados para ejercer su derecho al voto, ya sea por falta de cédula de identidad, inexistencia de relaciones consulares, no inscripción en el CNE u otras razones. Del total de habilitados para votar el 28 de julio de 2024, solo el 56 % ejerció su derecho. El 68 % de los habilitados que viven en Venezuela afirma que la presidencia interina es legítima, mientras que apenas un 13 % de los venezolanos en el extranjero reconoce a Delcy Rodríguez como presidenta interina. Dentro del país, solo el 31 % respalda la operación militar de Trump para capturar a Nicolás Maduro, aunque el 75 % está de acuerdo con su salida. Fuera de las fronteras venezolanas, el 83 % aprueba el método utilizado por Donald Trump y el 96 % está conforme con la salida de Maduro en los términos en que ocurrió. En Venezuela, el 37 % de los potenciales votantes para una elección presidencial en diciembre de 2026 afirma que votaría por María Corina Machado, mientras que un 32 % asegura que no lo haría.

Cabe suponer que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tiene pleno conocimiento de estos datos. Tal vez esa sea la razón por la cual Trump y Marco Rubio han sido contundentes y reiterativos al afirmar que María Corina Machado es agradable y buena persona, pero que su respaldo real entre los venezolanos que viven en Venezuela es, cuando menos, cuestionable. Por ahora, las elecciones en Venezuela parecen estar descartadas.

Ingeniero Electricista con estudios superiores en Economía y Finanzas. Abogado especialista en Derecho Procesal Penal y Constitucional. Panelista y Articulista, Catedrático.