¿Quiénes nos representan? (Clase 17)
Diputados, regidores y autoridades locales
La democracia no comienza el día de las elecciones. Comienza mucho antes, cuando una persona entiende quién toma las decisiones que afectan su vida cotidiana y bajo qué reglas lo hace. Con esa idea como punto de partida se desarrolló la Clase 17 de “Constitución Viva para Todos y Todas”, realizada en el Politécnico Prof. Santa Mariana Olea de Castro, en Higüey, dedicada a una pregunta esencial para la vida republicana: ¿quiénes nos representan y qué se espera de ellos?
En el aula no hablamos de política partidaria ni de nombres propios. Hablamos de funciones, de responsabilidades y de cercanía. De diputados, regidores y autoridades locales como figuras que no existen para ocupar espacios de poder, sino para representar la voluntad popular y rendir cuentas. La Constitución es clara en este punto: la representación no es un privilegio, es un mandato.
El eje de la clase fue el derecho a elegir y ser elegido, consagrado en el artículo 77 de la Constitución Dominicana, y su relación directa con la vida municipal y legislativa. A partir de ejemplos cotidianos —una calle sin iluminación, un centro educativo que necesita mantenimiento, una comunidad que reclama servicios— los estudiantes comprendieron que muchas de esas decisiones no se toman lejos, sino en lo local, y que conocer quién representa su territorio es una forma concreta de ejercer ciudadanía.
La dinámica central fue tan sencilla como reveladora: “Mi representante ideal”. Organizados en grupos, los estudiantes definieron qué cualidades esperan de un diputado o de un regidor. No pidieron privilegios ni discursos grandilocuentes. Hablaron de escucha, honestidad, presencia en la comunidad, coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. En esa lista breve quedó claro que la juventud no está desconectada de la política; está cansada de una política que no se parece a la gente.
La reflexión se amplió con el apoyo de un recurso audiovisual que permitió hablar de liderazgo y responsabilidad pública desde una perspectiva ética. La idea central fue clara: representar no es mandar, es servir. Y servir implica rendir cuentas, aceptar límites y recordar que el poder es siempre temporal.
Esta clase dejó una enseñanza que va más allá del contenido constitucional. La democracia se debilita cuando la representación se vuelve distante, pero se fortalece cuando las personas entienden que el poder empieza en su comunidad, en su municipio, en su provincia. En el regidor que debe responder. En el diputado que legisla en su nombre. En la autoridad que no puede olvidar a quién representa.
Educar en Constitución no es repetir artículos. Es activar conciencia cívica. Es lograr que un joven sepa que su voto importa, que su opinión cuenta y que su derecho a elegir conlleva también el deber de exigir. Un Estado social y democrático de derecho no se sostiene solo con leyes bien escritas, sino con ciudadanos informados y críticos.
En el Politécnico Prof. Santa Mariana Olea de Castro, la Constitución dejó de ser un texto lejano y se convirtió en una herramienta para entender la realidad. Allí no se habló del futuro como una promesa abstracta, sino del presente como una responsabilidad compartida.
Porque, al final, representar bien no es ganar elecciones. Es no olvidar nunca a quién se representa.