Cabo Rojo y el giro estratégico del turismo hacia el sur
Un nuevo mapa para el turismo dominicano
Durante más de cuarenta años, el crecimiento del turismo dominicano ha tenido una dirección clara: el este y el norte del país. Punta Cana–Bávaro, Puerto Plata y Samaná concentraron la mayor parte de la inversión, las habitaciones hoteleras y el posicionamiento internacional. Ese modelo fue exitoso y convirtió a la República Dominicana en líder del Caribe.
Hoy, sin embargo, el país se encuentra ante un punto de inflexión. El desarrollo de Cabo Rojo, en Pedernales, marca un giro estratégico del turismo hacia el sur, no solo como expansión territorial, sino como una redefinición del modelo de desarrollo turístico nacional.
Este movimiento ocurre en un contexto de fortaleza del sector. Según datos oficiales del Banco Central y del Ministerio de Turismo, el turismo aporta alrededor del 15 % del PIB, genera más de 700,000 empleos directos e indirectos y representa más del 30 % de las divisas que recibe la economía dominicana. En 2023 y 2024, el país superó los 10 millones de visitantes anuales, una cifra histórica que confirma la solidez del sector.
Pero ese éxito también dejó al descubierto una debilidad: la alta concentración del desarrollo turístico en pocas zonas del territorio.
Cabo Rojo: turismo como herramienta de equilibrio territorial
Cabo Rojo no es simplemente un nuevo destino. Es una apuesta para que el turismo funcione como motor de desarrollo regional, especialmente en una de las zonas históricamente más rezagadas del país.
Pedernales ha figurado durante décadas entre las provincias con menores niveles de actividad económica formal y mayores índices de pobreza. Llevar turismo al sur no es solo atraer visitantes; es crear empleo local, dinamizar las mipymes, desarrollar infraestructura y reducir la migración interna hacia Santo Domingo y el este.
En ese sentido, Cabo Rojo representa una oportunidad única: construir un destino desde cero, con planificación, visión de largo plazo y criterios de sostenibilidad que en otros polos llegaron tarde.
La señal clave: Grupo Puntacana al frente del fideicomiso
Uno de los elementos más relevantes —y a veces subestimados— del proyecto Cabo Rojo es que la administración del fideicomiso estará en manos del Grupo Puntacana. Esto no es un detalle menor. Es, en sí mismo, una señal de confianza, seriedad y visión estratégica.
Grupo Puntacana no solo es el desarrollador turístico más experimentado del país; es una marca asociada a planificación, sostenibilidad, institucionalidad y largo plazo. Su trayectoria demuestra que el turismo puede crecer respetando el entorno, integrándose a las comunidades y manteniendo estándares internacionales durante décadas.
Que un proyecto de tanto futuro y tanta sensibilidad territorial esté bajo la administración de un grupo con ese historial envía un mensaje claro al mercado: Cabo Rojo no es una improvisación ni una apuesta coyuntural, sino un proyecto país que busca hacerse bien desde el inicio.
Para inversionistas, operadores turísticos y actores internacionales, esta decisión reduce riesgos, eleva la credibilidad y refuerza la idea de que el sur será desarrollado con el mismo nivel de rigor que los polos más exitosos del país.
Infraestructura: la Circunvalación de Baní como pieza estratégica
El giro del turismo hacia el sur no puede analizarse sin mirar la infraestructura que lo acompaña. En ese contexto, la Circunvalación de Baní juega un papel determinante.
Esta vía reduce de forma significativa los tiempos de desplazamiento desde Santo Domingo hacia la región sur, mejorando la conectividad, la logística y la experiencia tanto para visitantes como para residentes. En turismo, la accesibilidad es tan importante como el atractivo del destino, y obras como esta convierten al sur en una región mucho más viable para el desarrollo turístico y la inversión privada.
La combinación de infraestructura vial moderna con un proyecto turístico planificado crea las condiciones para que Cabo Rojo no sea un enclave aislado, sino parte de un ecosistema económico regional integrado.
Sostenibilidad: una sola oportunidad de hacerlo bien
Cabo Rojo enfrenta un reto que otros destinos no tuvieron: la presión de hacerlo rápido. La historia turística de la región demuestra que los polos que crecieron sin planificación terminaron pagando costos elevados en deterioro ambiental, servicios insuficientes y pérdida de atractivo.
Aquí no hay margen para repetir errores. El entorno natural del sur, su biodiversidad y su cercanía con áreas protegidas obligan a un desarrollo cuidadoso, ordenado y responsable. El turismo moderno ya no se mide solo en número de habitaciones, sino en calidad del destino, experiencia del visitante y beneficio real para las comunidades locales.
Regular no es frenar. Planificar no es atrasar. Es garantizar que el crecimiento sea sostenible y que el éxito no sea efímero.
Más que un destino, una decisión de país
El giro estratégico del turismo hacia el sur, encabezado por Cabo Rojo, representa una prueba de madurez para el modelo turístico dominicano. La participación del Grupo Puntacana en la administración del fideicomiso, sumada a inversiones en infraestructura clave como la Circunvalación de Baní, refuerza la idea de que esta vez el país apuesta por hacer las cosas bien desde el principio.
Si Cabo Rojo logra consolidarse como un destino planificado, sostenible y auténtico, el impacto irá mucho más allá de Pedernales. Será una señal clara de que el turismo dominicano ha evolucionado: de una industria exitosa en volumen, a un proyecto de desarrollo territorial y de nación.
El sur ha esperado mucho tiempo. Hoy, el turismo tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de responder a esa deuda histórica.
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