Día del amor… ¡que tieto de botá !...

Salpicar de buen humor los pellizcos del pasado

El día del amor y el arte de reírse del propio despecho (shuterstock)

Se acerca el día del amor y no puedo dejar de evocar algunos recuerdos hermosos y otros tristes, dolorosos. La verdad que el amor es el sentimiento más tierno y relajante de la vida; todo lo envuelve en afecto, cariño; arropa las imperfecciones, mueve al perdón; hay quienes dicen que ciega emocionalmente.

 Un grupo de amigas compartíamos nuestras experiencias sobre el amor; recordamos los enamoraditos, novios, parejas, esposos; expresábamos, de una u otra forma, lo que habíamos sentidos por ellos; coincidíamos en la belleza del amor y en motivos por los que nos sentíamos atadas al ser más querido. Narramos “el asfixie” que sentimos por el compañero que más había penetrado en nuestro núcleo de afectos, en el corazón. Les dije que el día del amor y muchas canciones románticas, me recordaban cuando era joven; era “bonitica”, algo coqueta, creía que estaba acabando y que le daba buena suerte a mi pareja porque le llovían los éxitos personales y profesionales. Justamente, en esa etapa, dinámica, desbordando alegría y energía positiva, ¡me dio ese tieto de botá!, que me aturdió.

Seguí mi vida sencilla, tranquila, laboriosa, guiándome por los mismos principios y valores, aferrada a Dios, cuidando mi paz espiritual por encima de lo material. En tono jocoso, le dije a mis amigas: han pasado cuatro décadas, llegó el momento esperado: al estar más vieja, fea y gorda, procede mandarlo a buscar y preguntarle si este modelo era el deseado, si le parece más atractivo. Una de ellas no me dejo terminar y dijo “esa es buena idea, lo haré, pues viví la misma experiencia “.  

Meses después, volvimos a reunirnos para jugar canasta; le preguntamos ¿invitaste tu ex pareja para ver si le gustaba tu nuevo perfil, de vieja y gorda?; bajó la mirada y dijo “si, lo invité”, ¿Qué te dijo?, le preguntamos en coro. Con voz pausada y mucha tristeza, nos dijo que para recibirlo se puso un vestido lindo, acorde a su edad y el perfume de los recuerdos pero que él, con actitud de poco caballero, la miro detenidamente y dijo “entonces tú, además de estar   vieja, gorda y más fea, te ha vuelto loca, perdiste el juicio” y que de inmediato, se paró, le dio la espalda, se fue. Amiga, tranquila y gracias por decirnos su reacción; ni en sueño invitaré mi ex pareja con ese objetivo.

¡Feliz día del amor, para toda la población ¡   y ante cualquier “tieto de botá”, paciencia y resignación.  Dios sabe lo que hace, de lo que nos libra, conoce nuestra esencia, nos ama, quiere lo mejor. De ahí, que es posible, que cualquier persona, al mirar el pasado, termine como yo, salpicando de buen humor, esos pellizcos fuertes que se desprenden del amor.