Mucho gasto, poca productividad

La República Dominicana vive una paradoja difícil de ocultar

Durante las últimas dos décadas el país ha seguido acumulando capital, pero cada vez más por la vía privada y cada vez menos por la pública. (Archivo/Diario Libre)

La República Dominicana vive una paradoja difícil de ocultar. Recibe abundantes divisas, rompe récords en turismo, mantiene una inversión privada importante y se sostiene en remesas robustas. Sin embargo, crece por debajo de su potencial y arrastra déficits estructurales en electricidad, infraestructura, educación y calidad del gasto público.

Ese contraste tiene una explicación de fondo: el país está fallando en productividad. En términos económicos, existe un problema en la Productividad Total de los Factores. La economía no está logrando combinar de forma eficiente capital, trabajo, energía, infraestructura e instituciones para producir más y transformar ese crecimiento en bienestar.

No estamos ante una economía sin recursos, sino ante un Estado que asigna mal, gasta mal e invierte poco en el futuro. Una señal clara aparece en la evolución de la inversión pública frente a la privada.

Durante las últimas dos décadas el país ha seguido acumulando capital, pero cada vez más por la vía privada y cada vez menos por la pública.

A mediados de los años 2000 la inversión pública rondaba el 5% del PIB. Hoy se sitúa aproximadamente en la mitad. La inversión privada, en cambio, sigue sosteniendo la mayor parte de la formación de capital.

El resultado es evidente: el país continúa invirtiendo, pero el Estado ha perdido peso justo cuando debería fortalecer la infraestructura, la red eléctrica, la logística y otros activos estratégicos.

Mientras tanto, el gasto corriente aumenta. Crecen las nóminas públicas, suben las pensiones, se expanden los subsidios y se acumula deuda. El Estado absorbe más recursos, pero construye menos capacidad productiva.

El debate público suele quedarse en la superficie: si el turismo creció, si llegaron más dólares o si aumentó la inversión extranjera. Todo eso importa, pero no responde la pregunta central: ¿por qué, con tantas entradas externas, el país no se transforma más?

La respuesta vuelve a ser la productividad. Una nación no se desarrolla solo porque reciba divisas. Se desarrolla cuando convierte esos recursos en energía confiable, infraestructura útil, mejor educación, logística eficiente e instituciones que faciliten la actividad económica.

Ahí es donde aparecen las debilidades. En el sector eléctrico persisten pérdidas elevadas, subsidios crecientes y dificultades para resolver el problema estructural. En educación, el esfuerzo fiscal no se ha traducido en mejoras proporcionales en aprendizaje. Y en el mercado laboral, una parte relevante del empleo formal reciente depende del propio Estado.

En otras palabras, la economía dominicana resiste cada vez más por la fortaleza del sector privado y del sector externo, no por la calidad del Estado.

A esta fragilidad interna se suma ahora un riesgo externo: una posible escalada del conflicto entre Irán y Estados Unidos o Israel que eleve los precios del petróleo.

La factura petrolera dominicana ronda los 4,471 millones de dólares, cerca del 15 % de las importaciones de bienes. Si el barril sube a los US$100 o más, el impacto sobre inflación, subsidios eléctricos y finanzas públicas sería significativo.

El país enfrentaría ese choque con un Estado debilitado por su propia ineficiencia: baja inversión pública, alto gasto corriente y subsidios que premian la ineficiencia.

La RD no tiene un problema de falta de recursos, sino de mala asignación de recursos. Mientras el sector privado sigue apostando por el país, el Estado se dedica cada vez más a sostenerse a sí mismo.

Cuando eso ocurre, la productividad se resiente, el crecimiento pierde fuerza y la vulnerabilidad externa aumenta. Por eso la discusión  no debe centrarse solo en cuánto crecemos, sino en qué tipo de Estado estamos construyendo: uno que gasta más, pero invierte menos en el futuro. 


El autor es especialista en Gobernabilidad y Gestión Pública y fue Director de Competitividad de la República Dominicana.