Presidentes: no es tiempo de clientelismo político
El turismo dominicano necesita protección y diversificación
La coyuntura internacional marcada por la vigencia del conflicto de Medio Oriente plantea un riesgo real para economías pequeñas y abiertas como la República Dominicana. No se trata de alarmismo, sino de lectura estratégica: alzas en los precios del petróleo, disrupciones en las cadenas logísticas, presiones inflacionarias y una posible desaceleración del turismo global configuran un escenario que exige preparación inmediata, no reacciones políticas clientelistas.
La convocatoria del presidente Luis Abinader a los expresidentes es, en principio, una señal positiva de madurez institucional. Sin embargo, el debate público que ha trascendido evidencia una preocupante superficialidad. En momentos como este, el país no puede permitirse discusiones estériles ni protagonismos políticos vacíos; necesita un plan consensuado e integral de sus líderes, técnicamente sólido y ejecutable.
Ese plan debe estructurarse sobre algunos pilares fundamentales. Primero, una estrategia energética clara: asegurar inventarios de combustibles, diversificar fuentes y acelerar la transición hacia energías renovables para reducir la dependencia externa. Segundo, una política fiscal y monetaria coordinada que amortigüe el impacto inflacionario sin comprometer la estabilidad macroeconómica. Tercero, la protección del sector turismo —principal motor económico— mediante promoción inteligente y diversificación de mercados emisores, cuarto, un programa de apoyo a los sectores más vulnerables y a las pequeñas y medianas empresas, que serán los primeros en sentir el golpe y, quinto, que empresarios, transportistas y otros sectores de la economía sean cautelosos respecto de sus estrategias de precios y tarifas con el fin de no actuar de manera desaforada en detrimento de la gran masa asalariada que no tiene margen de maniobra frente a esta situación.
Pero más allá de las medidas técnicas, el verdadero desafío es de liderazgo patriótico y responsabilidad política: Pensar en el país primero. La República Dominicana arrastra una práctica dañina: convertir cada coyuntura en un escenario de clientelismo. Esta crisis exige exactamente lo contrario. Se impone una directriz de ahorro y control del gasto a todos los niveles. . Cada peso debe ser invertido con criterio, transparencia y orientación a resultados medibles.
El país necesita que sus líderes elaboren de manera consensuada una estrategia que proteja los sectores más necesitados y al tejido empresarial. No podemos esperar a que los efectos del conflicto se materialicen plenamente para actuar. La planificación estratégica no es un lujo, es una necesidad. Y esa planificación solo será efectiva si está acompañada de un compromiso genuino de todos los actores políticos y sociales de elevar el nivel del debate.
Hoy más que nunca, la República Dominicana requiere liderazgo responsable, visión de largo plazo y un enfoque decidido en soluciones. El tiempo de la retórica vacía que no aporta debe quedar atrás. Lo que está en juego no es una coyuntura política, sino la estabilidad económica y el bienestar de todo un país.