La circunvalación de Baní: una obra millonaria convertida en carretera de la muerte
La seguridad vial ausente en la circunvalación del sur
La circunvalación de Baní, inaugurada con bombos y platillos en agosto de 2025 como una de las obras viales más importantes del sur del país, comienza a cargar con un estigma que preocupa a conductores, comunitarios y especialistas en tránsito: el de haberse convertido en una auténtica “vía de la muerte”.
Lo que fue presentado como una solución moderna para descongestionar el tránsito y dinamizar la economía regional, hoy aparece constantemente en los titulares por accidentes fatales, choques múltiples y tragedias humanas que dejan familias destruidas. Hasta marzo de 2026, reportes periodísticos contabilizaban al menos 11 fallecidos y decenas de heridos en distintos accidentes ocurridos en esa carretera. La cifra, lejos de disminuir, continúa aumentando.
El más reciente accidente ocurrió este 14 de mayo de 2026, cuando una colisión entre una patana y un carro público dejó una persona muerta, reavivando las críticas sobre las condiciones de seguridad de la vía. Apenas semanas antes, el 5 de abril, otro accidente provocó un fallecido y 15 heridos, mientras que en el puente Lucas Díaz se registró otro siniestro con un muerto y seis lesionados. En febrero, la situación ya era alarmante: un accidente dejó tres muertos y cinco heridos, y otro hecho separado cobró la vida de dos personas más.
La pregunta inevitable es: ¿cómo una obra que costó alrededor de 7,700 millones de pesos terminó convirtiéndose en un escenario recurrente de tragedias?
Diversos reportes periodísticos y usuarios frecuentes de la vía coinciden en señalar problemas estructurales y de diseño. Entre las principales críticas figuran la falta de accesos formales adecuados, retornos peligrosos, señalización insuficiente y largos tramos que incentivan velocidades excesivas sin mecanismos reales de control. A esto se suma la ausencia de fiscalización permanente y educación vial efectiva.
La realidad dominicana demuestra una vez más que no basta con inaugurar carreteras modernas para resolver el problema del tránsito. El país continúa atrapado en una cultura donde las obras se anuncian políticamente como trofeos, pero sin planificación integral sobre seguridad vial, mantenimiento y prevención.
La circunvalación de Baní parece reflejar esa vieja costumbre estatal de priorizar el cemento sobre la vida humana. Se construyen infraestructuras rápidas para exhibir resultados, pero luego se abandona el componente más importante: la seguridad de quienes las utilizan.
Resulta preocupante que, pese a la frecuencia de accidentes, no exista hasta el momento una intervención contundente y visible por parte de las autoridades. Ni el Ministerio de Obras Públicas, ni la DIGESETT, ni el Intrant parecen haber asumido la gravedad del problema con la urgencia necesaria. Cada nuevo accidente provoca titulares momentáneos, pero luego todo vuelve a la normalidad hasta la próxima tragedia.
La República Dominicana posee una de las tasas más altas de mortalidad por accidentes de tránsito en América Latina. Sin embargo, el debate público sigue siendo superficial. Se culpa únicamente al conductor, pero pocas veces se cuestiona si las carreteras están verdaderamente diseñadas para prevenir errores humanos, reducir impactos y proteger vidas.
Una vía moderna no puede convertirse en una sentencia de muerte para quienes la transitan diariamente. Si la circunvalación de Baní continúa acumulando víctimas, entonces el problema no es aislado ni casual: es estructural.
La sociedad dominicana merece respuestas claras. ¿Se hicieron correctamente los estudios técnicos? ¿Se evaluaron adecuadamente los puntos de riesgo? ¿Por qué continúan ocurriendo accidentes mortales en tan corto tiempo de inaugurada la obra? ¿Cuántas vidas más deberán perderse antes de que el Estado intervenga seriamente?
Porque una carretera no debe medirse únicamente por su longitud o por los millones invertidos en su construcción. Su verdadero valor se mide por la capacidad de preservar vidas humanas. Y hoy, lamentablemente, la circunvalación de Baní parece estar fallando precisamente en eso.