¿Son necesarias las expansiones fiscales en períodos de crisis?
En muchas ocasiones, la política fiscal puede resultar especialmente eficaz en el corto plazo para reducir la duración de las recesiones
Contradecir ciertas verdades aparentemente evidentes suele resultar incómodo e incluso contradictorio para el sentido común. A primera vista, aumentar el gasto público en tiempos de crisis parecería equivalente a “apagar un fuego con más fuego”. Sin embargo, esta afirmación tiene límites y matices importantes, como veremos en este artículo. Las restricciones presupuestarias obligan al Estado a redirigir sus prioridades en el corto plazo: menos gasto corriente y mayor inversión de capital.
¿Cómo decirle al gobierno que reduzca el gasto cuando precisamente se necesitan más inversiones en obras públicas para dinamizar el sector construcción y las actividades conexas? ¿Cómo limitar recursos destinados al transporte, la agricultura o la salud pública en momentos en que la guerra, la inflación internacional y sus secuelas golpean con mayor rigor a las economías emergentes?
Esta discusión recuerda la conocida metáfora del “helicóptero del dinero”, popularizada por Ben Bernanke, ganador del Premio Nobel de Economía en 2022, a partir de una idea planteada originalmente por Milton Friedman. Friedman ilustraba el uso extremo de políticas monetarias expansivas mediante la imagen de un helicóptero lanzando billetes para combatir la deflación. Aunque el caso dominicano no responde a una situación deflacionaria, sí enfrenta una inflación que erosiona el poder adquisitivo de los salarios y afecta el bienestar de la población.
Es interés de los gobiernos mantener niveles moderados y controlados de inflación. En el caso dominicano, las metas inflacionarias tradicionalmente se habían mantenido alrededor del 4%; sin embargo, el reciente incremento de la inflación hasta un 5.11% comienza a generar preocupación. Aun así, ciertas medidas fiscales, particularmente el aumento del gasto de capital y de la inversión pública, desempeñan un papel central como respuesta frente a una crisis que amenaza la estabilidad macroeconómica alcanzada durante años.
Las medidas fiscales discrecionales orientadas a estimular la demanda agregada durante períodos de desaceleración económica podrían representar entre un 2% y un 3% del Producto Interno Bruto. Estas acciones serían necesarias para compensar la caída de la demanda privada. No obstante, todavía es prematuro determinar si lograrán acortar una eventual recesión, especialmente cuando el ahorro forzoso de 40 mil millones de pesos anunciado por el Gobierno podría resultar insuficiente para cubrir subsidios imprescindibles, como los destinados a los combustibles y al sistema eléctrico, fundamentales para el funcionamiento de la economía.
En el contexto actual, resulta crucial que durante los próximos meses el gobierno reduzca gastos no prioritarios, como el excesivo gasto publicitario y ciertos costos operativos prescindibles, para enfrentar con mayor eficacia la desaceleración económica que se avecina. La factura petrolera, por ejemplo, podría aumentar entre 900 y 1,500 millones de dólares, alcanzando al cierre del año una cifra récord cercana a los 7 mil millones de dólares.
A ello se suma el deterioro persistente de los balances fiscales durante las últimas dos décadas. El déficit primario —es decir, la diferencia entre ingresos y gastos antes del pago de intereses de la deuda— se ha mantenido históricamente entre un 2% y un 3.5% del PIB, financiado principalmente mediante endeudamiento externo creciente. Actualmente, el peso de los intereses consume una parte cada vez mayor de los recursos públicos, limitando la capacidad del Estado para responder al deterioro de sus cuentas fiscales.
Tampoco puede ignorarse el posible debilitamiento de la actividad económica como consecuencia de la incertidumbre internacional y de la desaceleración de sectores estratégicos del modelo económico dominicano.
El papel de las políticas monetarias y fiscales durante las crisis ha sido ampliamente estudiado por la teoría económica. En esencia, ambas buscan contrarrestar la caída del producto interno que suele producirse cuando se restringe el crédito y disminuyen los precios de los activos físicos y financieros.
En muchas ocasiones, la política fiscal puede resultar especialmente eficaz en el corto plazo para reducir la duración de las recesiones. Una orientación fiscal anti-cíclica firme y bien diseñada puede estimular la economía siempre que el gasto sea amplio, oportuno, sostenible y diversificado.
Sin embargo, diversos factores limitan la eficacia de las expansiones fiscales durante recesiones profundas. Entre ellos se destacan las restricciones crediticias del sistema bancario, la fuerte caída de la demanda agregada y la reducción de la capacidad de consumo de los hogares debido a la pérdida de ingresos y al endurecimiento de las condiciones financieras.
El congelamiento de los mercados de capitales y la adopción de políticas crediticias más restrictivas reducen significativamente el acceso al financiamiento tanto para consumidores como para empresas. En consecuencia, aun cuando el gobierno aumente el gasto, los efectos multiplicadores podrían verse limitados.
Por otra parte, también resulta más difícil para los gobiernos financiar expansiones fiscales en un entorno internacional caracterizado por una mayor aversión al riesgo. La experiencia histórica demuestra que las desaceleraciones económicas suelen elevar considerablemente la deuda pública. En numerosos países, la deuda ha aumentado cerca de un 30% del PIB después de grandes crisis, mientras los déficits fiscales se incrementan en promedio alrededor de un 5% del PIB.
En el caso dominicano, donde el déficit presupuestario ya ronda entre un 3% y un 3.5% del PIB, no sería extraño observar un deterioro mayor en los próximos años. La falta de espacio fiscal y la preocupación permanente por el crecimiento de la deuda pública afectan las expectativas de los agentes económicos y limitan el alcance de las políticas expansivas.
Esa falta de margen fiscal se reflejará inevitablemente en un incremento de la relación deuda pública/PIB y en una menor capacidad del gobierno para implementar políticas anti-cíclicas efectivas. Esto, a su vez, reduce el impacto positivo de los estímulos fiscales y debilita el desempeño general de las finanzas públicas.
En conclusión, los shocks externos reducen la capacidad de los gobiernos para aplicar planes de estímulo fiscal amplios y sostenibles. Además, aumentan la exposición de las economías a riesgos macroeconómicos que limitan el alcance y los beneficios de las expansiones fiscales durante períodos de crisis. No obstante, pese a sus limitaciones, las expansiones fiscales continúan siendo una herramienta necesaria para amortiguar los efectos de las recesiones, siempre que se administren con prudencia, eficiencia y responsabilidad.
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