UTECO celebra su décima semana agroalimentaria y ambiental 2026

Con la participación de investigadores y productores, la UTECO fomenta el diálogo entre ciencia y práctica agrícola, fortaleciendo la comunidad.

Hay encuentros académicos que transcurren como el agua sobre la hoja del plátano: resbalan, brillan un instante y no dejan rastro. Y hay otros que germinan, año tras año, hasta volverse parte del paisaje. La X Semana Agroalimentaria y Ambiental de la UTECO, que se celebra en Cotuí de 1 al 6 de junio, pertenece sin duda a la segunda estirpe. Diez ediciones no se sostienen por inercia: se sostienen porque alguien, cada año, vuelve a creer que el saber —igual que el grano— solo vale cuando toca la tierra. Y esta vez la cosecha fue generosa.

Confieso un interés que no es del todo neutral. Tuve el privilegio de impartir allí la charla "Agronomía 4.0: Sembrando Innovación y Resiliencia en un Mundo Digital", y desde esa tribuna comprendí, con gratitud, algo que pocas instituciones logran: diez años de constancia son la prueba más honesta de que aquí el conocimiento sí desciende al campo.

Una mesa donde todos caben

La virtud primera del encuentro es convocar a conversar a quienes la rutina suele mantener separados. La UTECO reunirá en una misma jornada a investigadores del IDIAF, a especialistas en clima, al FEDA, a futuros ingenieros del agro y al hombre que madruga con el machete. Esa conversación —ciencia, Estado y surco— no es protocolo de cortesía: es articulación viva, y articularla diez veces seguidas, cada año con más socios y mejor agenda, revela una madurez institucional que merece celebrarse. La investigación dejó de envejecer en anaqueles; aquí encontró manos que la esperaban.

La cuarta revolución toca el conuco

Sostuve en mi ponencia, y lo reafirmo con entusiasmo, que la agronomía dejó de ser únicamente una ciencia de la tierra para volverse vanguardia tecnológica de la supervivencia humana. Quien viene de la ingeniería de sistemas reconoce de inmediato el valor de lo que allí se enseñó: la agricultura de precisión, el análisis de datos y las herramientas digitales puestas al servicio de regar lo justo, perder menos en la postcosecha y administrar un agua cada vez más preciosa. Lo notable es que la UTECO no presentó esto como teoría lejana, sino como destreza al alcance del estudiante y del productor. Allí la modernidad no se exhibió: se enseñó a sembrarla.

Si algo conmueve de la Semana es el rastro que deja en los jóvenes. Las pasantías, los operativos, el congreso estudiantil y los seminarios no son adornos curriculares: son el momento en que el aula se vuelve campo y el apunte se vuelve oficio. Quien ha dedicado la vida a la docencia sabe que ese tránsito —del concepto a la mano que actúa— es el verdadero milagro pedagógico. La UTECO está formando una generación que no le teme a la tierra ni a la tecnología, capaz de enfrentar la erosión, las enfermedades emergentes y el clima cambiante con criterio técnico y vocación de servicio. Esa es la cosecha que no se ve en las fotos, pero sostiene el porvenir.

El surco también es empresa, y la comunidad también gana

Espacios como "Emprendimiento RD" y las charlas sobre competitividad ponen de relieve que la ruralidad ofrece oportunidades modernas y dignas: agregar valor, acortar cadenas de comercialización, encadenar la finca con el mercado local y el turismo. Para el productor, esto se traduce en rutas concretas de negocio; para la región, en talento que se queda en casa en lugar de emigrar. Y la caminata por la salud, el operativo de limpieza y las ponencias ambientales sembrarán en toda la comunidad universitaria una conciencia que rinde frutos mucho más allá de junio: suelos sanos, gente sana, costos sociales que bajan. Quien ha estudiado finanzas lo aprecia con claridad: cada peso invertido en este evento regresa multiplicado en salud, empleo y soberanía alimentaria.

Del convenio nace el compromiso

Se firmó un acuerdo con el FEDA, y conviene subrayar su valor. Bien se sabe que un convenio bien fundado es el cimiento sobre el cual se construyen los programas duraderos. Que la UTECO no se conforme con la charla y selle alianzas formales es señal de una gobernanza seria, que entiende que las buenas ideas necesitan estructura para perdurar. Diez ediciones avalan que aquí las firmas no son tinta vacía: son raíces.

Vuelvo, pues, al grano y al surco. La X Semana fue siembra, pero una siembra que ya tiene historia: diez cosechas que demuestran que la UTECO no celebra efemérides, cultiva constancia. Y la constancia, en la tierra como en la vida, es la forma más alta de la esperanza. Por eso esta décima edición no clausura nada: anuncia la undécima. Que siga bajando el saber al surco, año tras año, hasta que toda la región florezca.

Doctor en educación, docente e investigador universitario. Experto en finanzas, tecnología y prevención de riesgos laborales. Abogado.