El tránsito como síntoma de una ciudad sin planificación
El caos del tránsito en Santo Domingo ya no admite más excusas ni parches improvisados
El tránsito en Santo Domingo dejó de ser una molestia diaria para convertirse en uno de los principales problemas de calidad de vida de nuestra ciudad. Cada tapón, cada avenida colapsada, cada accidente y cada semáforo ineficiente nos recuerdan una realidad que ya no admite excusas. Durante décadas hemos permitido que la capital crezca sin el orden, la planificación y la autoridad que necesita una ciudad moderna.
Este caos no surgió de la noche a la mañana. Es el resultado de años de respuestas parciales, decisiones improvisadas, falta de continuidad institucional y ausencia de una visión urbana sostenida. Hemos intentado corregir sobre la marcha, muchas veces con parches, cuando lo que Santo Domingo necesita es un plan integral y ejecutable, sin políticos de por medio y solo técnicos.
Desde Autozama, en el marco de nuestro 80 aniversario, presentamos el libro Santo Domingo: ayer, hoy y mañana, una obra que nace de una preocupación profunda por el deterioro progresivo de la ciudad. No es solo una mirada al pasado. Es un llamado a entender cómo llegamos hasta aquí y qué debemos hacer para no seguir entregando a las próximas generaciones una ciudad cada vez más difícil de vivir.
La movilidad debe ser asumida como una prioridad nacional. La Inspección Técnica Vehicular no puede seguir aplazándose. Un parque vehicular sin control, unidades en malas condiciones y la falta de consecuencias reales agravan el desorden y aumentan los riesgos en las vías. Detrás de cada accidente hay vidas perdidas, familias destruidas y un costo social que el país no puede continuar normalizando.
También es impostergable avanzar hacia un transporte colectivo digno, moderno, eficiente y confiable. Mientras el ciudadano no tenga una alternativa real para desplazarse, seguirá pagando con tiempo, dinero y paciencia las consecuencias de un sistema que no responde a sus necesidades.
A esto se suma la urgencia de una semaforización inteligente, conectada y gestionada con criterios técnicos, capaz de ordenar el flujo vehicular y peatonal, priorizar emergencias y responder a la realidad de la ciudad.
Cualquier pacto o estrategia sobre movilidad debe traducirse en ejecución. Debe tener cronograma, presupuesto, responsables y seguimiento. No puede depender del ciclo político ni desmontarse con cada cambio de administración.
Santo Domingo merece orden, instituciones fuertes y autoridades con visión. Una ciudad no se improvisa. Se planifica, se cuida y se construye con responsabilidad.
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