¿Qué hacer luego de la evaluación del desempeño docente?
La evaluación como punto de partida y no como destino de la reforma escolar
La calidad de un sistema educativo nunca supera la de sus docentes. Esta afirmación, respaldada por múltiples investigaciones internacionales, adquiere mucha importancia en el país, donde, luego del 4 % del PIB, se han realizado importantes inversiones en infraestructura escolar, tecnología, alimentación estudiantil universal, ampliación de la cobertura en inicial, básica y secundaria, en la formación del docente y mejoras salariales sustanciales.
Sin embargo, los resultados de aprendizaje continúan mostrando desafíos significativos. Esta realidad obliga a concentrar la atención en el factor que mayor influencia ejerce sobre el aprendizaje de los estudiantes: la práctica pedagógica que ocurre diariamente dentro del aula, lo que hace el docente realmente.
La Evaluación del Desempeño Docente que recién finalizó representa un avance importante al proporcionar información sobre las competencias, fortalezas y debilidades del profesorado, aunque el costo de los incentivos será alto, muy alto. Esos resultados deberán ser objeto de un profundo análisis para precisar las debilidades y fortalezas del cuerpo docente.
La evaluación debe ser entendida como el inicio de un proceso de mejora y no como un fin en sí mismo. Su verdadero valor radica en la posibilidad de orientar programas de formación continua que permitan corregir deficiencias, fortalecer capacidades y promover prácticas pedagógicas más efectivas en el aula.
Evaluar sin formar carece de sentido. Del mismo modo, formar sin conocer las necesidades reales de los docentes conduce a programas de capacitación generales que tienen poco impacto en la enseñanza.
La inversión en formación posterior a la EDD constituye una necesidad estratégica para elevar la calidad educativa. Sus resultados deben traducirse en planes individuales y colectivos de desarrollo profesional, diseñados a partir de las necesidades identificadas en cada centro educativo y en cada docente. La IA puede ser de gran ayuda.
Las evaluaciones realizadas ocasionalmente ofrecen una visión limitada de una realidad compleja y cambiante del ejercicio del docente. La previa fue en el 2017. La práctica docente evoluciona constantemente, cada vez más rápido, está influida por múltiples factores relacionados con los estudiantes, el contexto escolar, los recursos disponibles, las exigencias curriculares, los avances tecnológicos, etc. En consecuencia, resulta insuficiente depender exclusivamente de evaluaciones periódicas para conocer lo que realmente ocurre en las aulas.
La mejora continua requiere mecanismos permanentes de observación y seguimiento. Lo que determina el aprendizaje de los estudiantes no son los documentos normativos ni las declaraciones institucionales, sino las interacciones que se producen entre docentes y alumnos durante el proceso de enseñanza. Por ello, la observación frecuente del proceso áulico es fundamental. Los directores deben poner más atención a este proceso y ser formados para ello.
El Plan Horizonte 2034 plantea como prioridad la mejora de los aprendizajes y el fortalecimiento de la calidad educativa. Alcanzar estas metas exige desarrollar sistemas de información capaces de proporcionar evidencia actualizada sobre la efectividad de las prácticas pedagógicas. Sin información confiable y oportuna, resulta difícil diseñar intervenciones efectivas y medir el impacto de las políticas implementadas a nivel del aula.
En este sentido, el país debería considerar la creación de una agencia técnica independiente encargada de monitorear de manera permanente la calidad de la enseñanza. Su principal fortaleza radicaría en su autonomía técnica y en su capacidad para generar evidencia objetiva al margen de intereses políticos, administrativos o sindicales. Su preocupación central debería ser la calidad del aprendizaje de los niños.
En Inglaterra la Oficina de Estándares en Educación (Ofsted) realiza inspecciones periódicas de escuelas y aulas. En Chile, la Agencia de Calidad de la Educación produce información independiente sobre el desempeño del sistema escolar. En Uruguay se han desarrollado mecanismos similares orientados a fortalecer la rendición de cuentas y la mejora continua.
Estas experiencias muestran que la supervisión independiente puede coexistir con el respeto a la profesión docente y contribuir significativamente a elevar la calidad educativa.
La existencia de un sindicato fuerte como la ADP constituye una realidad que debe ser gestionada con inteligencia y visión de largo plazo. El desafío no consiste en debilitar al sindicato, sino en construir acuerdos de obligado cumplimiento que coloquen el aprendizaje de los estudiantes en el centro de las decisiones. Los derechos laborales son fundamentales, pero también lo es el derecho de cada niño y joven a recibir una educación de calidad. Es algo que la sociedad debe asumir y exigirlo permanentemente.
Las discusiones con la ADP se concentran en aspectos administrativos, salariales o laborales, mientras que la calidad de la enseñanza, lo misional del sistema educativo, recibe una atención insuficiente. Una cultura de mejora educativa requiere que todos los actores —Ministerio de Educación, ADP, universidades, familias, iglesias y sociedad civil— asuman responsabilidades compartidas respecto a los resultados de aprendizaje. Este es el desafío.
El monitoreo independiente y frecuente del trabajo docente - tal como la hace la IDEC- debe funcionar como una herramienta para identificar buenas prácticas, detectar necesidades de apoyo y orientar la formación continua. La observación sistemática del aula permite reconocer a los docentes más efectivos, difundir experiencias exitosas y ofrecer acompañamiento oportuno a quienes enfrentan mayores dificultades.
El cambio educativo que demanda el país exige pasar de una cultura centrada en los insumos a una cultura centrada en los resultados. No basta con invertir más recursos; es indispensable asegurar que esos recursos se traduzcan en mejores aprendizajes.
La evaluación del desempeño, la formación continua y el monitoreo independiente deben integrarse en una estrategia coherente de desarrollo profesional docente. Solo así será posible avanzar hacia los objetivos priorizados en el Plan Horizonte 2034 y garantizar que cada estudiante tenga acceso a una enseñanza de calidad impartida por docentes cada vez más eficaces y comprometidos con su misión educativa.
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