El invitado invisible de la licencia social

Gobernanza más allá del Estado y las comunidades

Gobernanza más allá del Estado y las comunidades. (Generada con IA)

ChatGPT, ¿quién construye la licencia social de un proyecto minero?

—La licencia social se construye mediante la confianza entre comunidades, empresas, Estado y demás actores involucrados.

¿Y tú?

La respuesta tardó apenas unos segundos.

No participo directamente. Pero puedo influir en la forma en que las personas comprenden esos temas.

Cerré la conversación.

No porque la respuesta fuera sorprendente.

Sino porque entendí que estaba haciendo la pregunta equivocada.

Durante décadas repetimos que la licencia social se construye en el territorio. En las comunidades. En las reuniones. En las mesas de diálogo. En las consultas.

Es cierto.

Pero ya no es toda la verdad.

Hoy la licencia social comienza mucho antes de que una empresa llegue a una comunidad. Comienza cuando un ciudadano hace su primera búsqueda. Cuando un periodista prepara un reportaje. Cuando un diputado intenta comprender un proyecto de ley. Cuando un líder comunitario intenta entender qué significa una presa de relaves.

Cada vez con mayor frecuencia, esa primera conversación no ocurre entre personas.

Ocurre con una inteligencia artificial.

Eso no significa que decida. No vota. No legisla. No juzga. No sustituye a los tribunales. No reemplaza al Congreso.

Pero influye.

Y cuando algo influye de manera sistemática en la formación del criterio de millones de personas, deja de ser únicamente una herramienta tecnológica. Se convierte en un elemento de la gobernanza.

Aquí aparece una paradoja que debería preocuparnos a todos. Mientras discutimos cómo debe ser la nueva Ley Minera, seguimos creyendo que la gobernanza ocurre únicamente entre Estado, empresas y comunidades. Pero la conversación cambió de lugar.

Hoy también ocurre en plataformas digitales. En motores de búsqueda. En sistemas de recomendación. En algoritmos. Y en inteligencias artificiales que responden millones de preguntas todos los días.

Sin haber sido elegidas.

Sin haber sido designadas.

Sin haber sido invitadas.

Eso obliga a replantear incluso el concepto de licencia social. Hasta ahora asumíamos que la confianza comenzaba cuando la empresa iniciaba el diálogo con la comunidad.

Quizá ya no.

Quizá la confianza empieza cuando alguien intenta comprender un proyecto por primera vez. Empieza cuando una persona formula una pregunta. Y la calidad de esa primera respuesta condiciona la calidad de la conversación que vendrá después.

Esta no es una reflexión exclusiva para la minería. También interpela al Gobierno cuando diseña políticas públicas, al Congreso cuando legisla, a las universidades cuando forman profesionales, a los jueces cuando interpretan conflictos complejos, a los medios cuando informan, a las empresas cuando comunican. Y a cada uno de nosotros, cuando confundimos una respuesta rápida con una verdad suficiente.

No busco convertir la inteligencia artificial en árbitro de la deliberación pública, ni regular las ideas. Propongo algo más exigente: aceptar que la gobernanza del siglo XXI ya no consiste solamente en administrar instituciones. Consiste también en comprender cómo se forma el conocimiento sobre el cual esas instituciones terminan tomando decisiones.

Esa diferencia no es menor. Porque una buena ley no depende únicamente de un buen texto. Depende de la calidad del proceso que la hace posible. Y la calidad del proceso depende, cada vez más, de la calidad del conocimiento con el que cada actor llega a la mesa.

La próxima Ley Minera seguramente discutirá competencias, procedimientos, plazos, seguridad jurídica, participación y protección ambiental.

Debe hacerlo.

Pero quizá también deba recordarnos algo más profundo: que la licencia social ya no comienza cuando la empresa llega al territorio. Comienza cuando el ciudadano hace su primera pregunta. Y esa pregunta, cada vez con mayor frecuencia, ya no se la hace a un funcionario, a un profesor o a un libro.

Se la hace a una inteligencia artificial.

Nunca volví a preguntarle a ChatGPT si participaba en la gobernanza. Tal vez no hacía falta. Mientras usted terminaba de leer este artículo, miles de personas ya se lo estaban preguntando a él primero.

Las sociedades rara vez fracasan por no entender el pasado. Fracasan cuando no advierten que el lugar donde se construye la confianza ya cambió.

Y quizá esa sea la discusión que realmente deberíamos tener antes de aprobar una nueva Ley Minera.

Director Ejecutivo, Cámara Minera Petrolera de la República Dominicana.