Santo Domingo 2026: demostramos que podemos ser sede. Ahora debemos convertirnos en destino
El legado de los Juegos Centroamericanos abre la puerta al turismo deportivo permanente
La República Dominicana acaba de cerrar uno de los capítulos deportivos más importantes de su historia. Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 reunieron a más de 6,200 atletas de 37 países en 40 deportes, y nuestra delegación firmó su mejor actuación de todos los tiempos: 150 medallas, 46 de oro, un salto de 35 % respecto a San Salvador 2023. Pero el verdadero éxito no se mide solo en el medallero.
Lo que realmente movieron los Juegos
Detrás de cada competencia hubo miles de personas —atletas, delegaciones, familiares, periodistas, aficionados— que necesitaron alojamiento, alimentación, transporte y entretenimiento. Desde ADOTURD estimamos que el movimiento vinculado a los Juegos superó los 10,000 visitantes, distribuidos entre hoteles, restaurantes, comercios y prestadores de servicios de toda la ciudad.
Eso es el turismo deportivo: personas que viajan por una motivación deportiva y generan actividad económica mucho más allá del escenario de competencia. No compite con nuestro turismo tradicional; lo complementa y reduce la estacionalidad. Y activa empleo formal de inmediato —hotelería, gastronomía, transporte, logística, seguridad, producción de espectáculos—.
Santo Domingo 2026 también dejó instalaciones renovadas, una Villa Centroamericana con vocación de uso posterior, experiencia organizativa y una exposición internacional invaluable. Todo eso es legado. Pero el más importante todavía está por construirse.
De sede a destino
La República Dominicana reúne condiciones excepcionales para ser potencia regional del turismo deportivo: conectividad aérea, infraestructura hotelera de clase mundial, clima favorable todo el año y ubicación privilegiada en el Caribe.
Hoy tenemos algo más valioso: la evidencia. Podemos recibir miles de atletas, organizar competencias en decenas de disciplinas y alinear al Estado, las federaciones y el sector privado.
La pregunta es qué hacemos a partir del 9 de agosto: el éxito de unos Juegos no termina con la clausura, comienza cuando las instalaciones vuelven a abrir.
Cada escenario renovado debe convertirse en una candidatura permanente. Atletismo, natación, judo, tenis, voleibol, golf, deportes acuáticos: cada disciplina tiene un calendario internacional de eventos que podemos atraer año tras año, con capacidad de llenar habitaciones, restaurantes y vuelos en temporadas bajas.
Medir para crecer
Hay una tarea inmediata: saber cuánto dejaron estos Juegos en la economía dominicana. Cuántos visitantes llegaron, cuánto gastaron y cómo percibieron el destino.
Por eso desde ADOTURD hemos impulsado, junto a Banco BHD y el CETDEL, el primer estudio de impacto económico del turismo deportivo en la República Dominicana. Con datos y no percepciones, el deporte deja de verse como gasto social y se revela como una herramienta de desarrollo económico y de proyección internacional, y la base sobre la cual el país podrá negociar sedes y justificar inversiones.
El momento es ahora
El país invirtió con visión en sus atletas, sus instalaciones y la organización de estos Juegos —solo la preparación de la delegación representó 893 millones de pesos del Ministerio de Deportes—. Ahora corresponde que esa inversión produzca dividendos durante décadas.
El próximo objetivo debe ser una estrategia nacional de captación de eventos deportivos internacionales, construida entre el Gobierno, las federaciones, el sector turístico y la empresa privada. No necesitamos esperar otros Juegos Centroamericanos para recibir miles de atletas: podemos hacerlo todos los años.
Santo Domingo 2026 nos dejó 150 razones para celebrar y una razón aún mayor para mirar hacia adelante:
Demostramos que podemos ser sede. Ahora debemos convertirnos en destino.
Ese es el desafío que comienza ahora. Y la República Dominicana está lista.