Cuatro votos y una pista: ¿también cuenta la fama en Cooperstown?
El caso de Tony Fernández y su paso por la boleta del Salón de la Fama
En la primera entrega conté cómo una pregunta comenzó a seguirme por Toronto: ¿por qué Tony no está en el Salón de la Fama de Cooperstown? También expliqué que no comienzo esta investigación con una conclusión preparada. Quiero entender qué ocurrió, aunque al final la respuesta no sea la que muchos deseamos.
No soy experta en estadísticas ni en los procesos de Cooperstown. Estoy aprendiendo mientras investigo. Pero ya no quería quedarme solamente con el 0.7 por ciento. Quería saber qué había detrás de esa cifra y por qué una carrera como la de Tony dejó de discutirse después de una sola votación.
Cuatro votos no explican una historia
Volví entonces a la cifra que conocíamos: en 2007 se contabilizaron 545 boletas y Tony recibió cuatro votos, el 0.7 por ciento. Como no alcanzó el cinco por ciento necesario para continuar, su nombre salió de la boleta después de aquel único año.
Pero aquella cifra no respondía mi pregunta. Me decía qué había ocurrido, no por qué. Junto a los cuatro votos no había una explicación que dijera qué valoraron los periodistas, qué les faltó en la carrera de Tony o si algunos apenas se detuvieron a considerarla.
Entonces comencé a buscar alguna pista: quiénes habían hecho pública su boleta, qué criterios utilizaron y qué escribieron sobre los candidatos. No existe un registro completo de las razones de todos los votantes, pero tal vez la opinión de alguno podía ayudarnos a comprender cómo se miraban aquellas carreras en ese momento.
La opinión de un votante
En esa búsqueda encontré un artículo publicado el 4 de enero de 2007 en la revista Sports Illustrated. Lo escribió Jon Heyman, periodista y columnista estadounidense especializado en béisbol de las Grandes Ligas y con derecho a voto en la elección de Cooperstown. En aquel artículo explicó públicamente cómo veía a los 32 candidatos de 2007.
Heyman colocó a Tony en el puesto 24. Recordó que había sido seleccionado cinco veces al Juego de Estrellas y escribió que había sido mejor de lo que muchos recordaban, aunque no lo suficiente para recibir su voto.
Aquella era la opinión de un solo periodista. No podemos convertirla en la explicación de los otros votantes ni asumir que todos evaluaron a Tony de la misma manera. Sin embargo, dos ideas de ese artículo me hicieron pensar.
La primera estaba en aquellas palabras sobre Tony: mejor de lo que muchos recordaban. La segunda apareció cuando Heyman hablaba de Alan Trammell y Ozzie Smith. Al preguntarse si los Detroit Tigers habrían cambiado a Trammell directamente por Smith, reconoció que probablemente no; pero añadió que Ozzie recibía «puntos extra» por su fama, sus acrobacias y por ser considerado posiblemente el mejor campocorto defensivo de todos los tiempos.
El periodista no estaba comparando a Tony con Ozzie. Esa relación la hice yo al leer las dos observaciones dentro del mismo artículo: un jugador podía haber sido mejor de lo que muchos recordaban y otro podía recibir puntos adicionales por la fuerza de su fama y de sus imágenes inolvidables.
No significa que la fama sustituya los méritos ni que Ozzie Smith no mereciera el reconocimiento que recibió. Tampoco demuestra que todos los votantes pensaran así. Pero me dejó una nueva pregunta: además de lo que un jugador hizo en el terreno, ¿cuánto puede influir la manera en que permanece en la memoria de quienes luego deben evaluarlo?
El espectáculo estaba en sus jugadas
Yo conocía muy bien esa parte de Tony. Era un hombre reservado, de carácter discreto y, a veces, tímido. No buscaba ser el centro de atención. Su forma de expresarse estaba en la elegancia con que se movía, en aquel lanzamiento tan particular hacia primera base y en las jugadas difíciles que hacía parecer naturales.
Por eso encontré una frase que resume lo que intento explicar:
Tony no convirtió el juego en espectáculo; el espectáculo estaba en sus jugadas.
Eso no quiere decir que le faltara carisma. Los niños de aquella época que lo veían jugar trataban de imitar su manera de fildear y aquella forma tan suya y peculiar de tirar hacia primera base. Pero el espectáculo terminaba con la jugada. Tony no parecía interesado en prolongarlo para llamar la atención sobre sí mismo.
¿Pudo esa personalidad hacer que, con el paso del tiempo, su carrera permaneciera menos visible? No lo sé. Cooperstown no es un concurso de popularidad y no existe una casilla para medir la timidez. Pero la observación de aquel periodista me hizo comprender que la memoria también se alimenta de gestos, apodos, imágenes y relatos que se repiten durante años.
Una pregunta me llevó a otra
Mientras pensaba en la fama y la visibilidad, recordé otra hipótesis que había escuchado alguna vez y que volvió a surgir durante mi viaje a Toronto: quizás pudo influir que Tony jugara la mayor parte de su carrera en Canadá.
No podemos afirmarlo. Toronto pertenece a las Grandes Ligas y jugar en Canadá no impide que un gran jugador sea reconocido. Pero tampoco basta con señalar que algún exaltado pasó por Toronto. Rickey Henderson estuvo allí solamente durante parte de la temporada de 1993 y Paul Molitor jugó tres temporadas, de 1993 a 1995. Tony, en cambio, pasó doce temporadas con los Blue Jays. No es lo mismo vestir el uniforme durante un tramo que construir en Toronto la mayor parte de una carrera. Por eso, esa diferencia debe formar parte de cada comparación.
- También encontré un ejemplo que obliga a mirar esta idea con más cuidado. Roy Halladay jugó doce temporadas con Toronto y fue elegido para Cooperstown en su primera boleta, en 2019.
Su caso demuestra que desarrollar la mayor parte de una gran carrera en Canadá no impide, por sí solo, recibir el reconocimiento de los votantes.
Pero no quiero dejar fuera de la conversación a Carlos Delgado. Él también jugó doce temporadas con los Blue Jays y, cuando apareció en la boleta de 2015, recibió 21 votos, el 3.8 por ciento, y quedó fuera después de aquel único año. Roy Halladay y Carlos Delgado no responden la pregunta de Tony; sus resultados apuntan en direcciones distintas. Precisamente por eso son importantes.
- La pregunta, entonces, es más concreta: durante los años ochenta y noventa, ¿recibía un jugador de Toronto la misma atención cotidiana de los medios estadounidenses? Y si, además, era una persona reservada, ¿podía resultar más fácil que su carrera se fuera alejando de la conversación?
Buscando cómo comenzar a examinar esa posibilidad encontré otro nombre conocido: Dave Stieb.
El Dave Stieb que yo recuerdo
A Dave Stieb yo lo había visto lanzar en Toronto. Recuerdo su intensidad, lo exigente que parecía ser consigo mismo, la entrega con la que lanzaba y aquellas noches en las que uno sentía que podía ocurrir algo extraordinario. Recuerdo las veces que estuvo tan cerca de lanzar un juego sin hits, antes de conseguirlo finalmente.
Por eso me sorprendió descubrir que, cuando Dave Stieb apareció en la boleta de Cooperstown en 2004, recibió solamente siete votos y desapareció después de su primera oportunidad. Pensé inmediatamente: ¿también Dave Stieb, una vez y fuera?
Para entender mejor aquel resultado miré la misma boleta. Jack Morris, otro lanzador de su época, recibió 133 votos en su quinto año. Pero aquí también importa el tiempo en Toronto:
Jack Morris jugó dos temporadas con los Blue Jays, 1992 y 1993; Dave Stieb desarrolló allí casi toda su carrera, desde 1979 hasta 1992 y luego regresó en 1998, para un total de quince temporadas con el equipo. Jack Morris continuó siendo considerado durante quince años y, aunque los periodistas no lo eligieron, su caso permaneció vivo hasta que fue exaltado por un comité en 2018. Dave Stieb tuvo un solo año de conversación.
No digo que Dave Stieb y Jack Morris tuvieran carreras iguales, que uno debía ocupar el lugar del otro ni que el caso de Dave Stieb demuestre un prejuicio contra Canadá. Lo que me llamó la atención fue algo mucho más humano: uno tuvo años para que su historia fuera discutida y revisada; el otro prácticamente desapareció antes de que la conversación pudiera comenzar.
Todavía estamos buscando la respuesta
Ahora tenemos dos pistas, no dos conclusiones. La primera nos invita a estudiar cuánto pueden influir la fama, la personalidad y la memoria. La segunda nos obliga a investigar si jugar la mayor parte de una carrera en Toronto pudo afectar la atención mediática que algunos jugadores recibieron —o dejaron de recibir— en Estados Unidos. El caso de Roy Halladay nos advierte que ninguna de esas ideas puede sostenerse como una explicación automática; el de Carlos Delgado nos recuerda que tampoco debemos abandonar la pregunta demasiado pronto.
Quizá estas ideas terminen siendo menos importantes de lo que imaginamos. En la próxima entrega comenzaremos a ponerlas a prueba con las estadísticas: compararemos a Tony con campocortos de su época que llegaron a Cooperstown y con otros que permanecieron en la boleta durante años. También volveremos a la votación de 2007 para mirar el contexto en el que recibió aquellos cuatro votos.
No buscamos ganar una discusión. Buscamos comprender por qué algunas grandes carreras permanecen en la conversación y otras pueden desaparecer demasiado pronto.
No prometo que una sola estadística nos dará la respuesta. Puede que encontremos una razón principal o varias que se fueron acumulando. Pero ese próximo paso deberá acercarnos a la pregunta que comenzó esta investigación: ¿por qué la carrera de Tony dejó de formar parte de la conversación de Cooperstown después de solamente cuatro votos?
Transparencia editorial
Esta investigación es impulsada por Clara Fernández y la familia de Tony Fernández. Los recuerdos familiares se identificarán como testimonios y no sustituirán la evidencia oficial. La versión digital mantendrá un registro de correcciones.
Fuentes para revisión editorial
Estas referencias permiten al medio verificar las cifras y antecedentes. No es necesario reproducir la lista completa en la edición impresa.
1. Baseball-Reference - votación del Salón de la Fama de 2007
2. Sports Illustrated - evaluación de la boleta de 2007 por Jon Heyman
3. National Baseball Hall of Fame - perfil de Ozzie Smith
4. MLB - antecedentes sobre la publicación de las boletas
5. Baseball-Reference - votación del Salón de la Fama de 2004
6. SABR - Dave Stieb y su única aparición en la boleta
7. National Baseball Hall of Fame - los quince años de Jack Morris en la boleta. National Baseball Hall of Fame - elección de Jack Morris en 2018
8. Toronto Blue Jays
9. Level of Excellence
10. Canadian Baseball Hall of Fame - Tony Fernández
11. National Baseball Hall of Fame - trayectoria de Rickey Henderson
12. National Baseball Hall of Fame - trayectoria de Paul Molitor
13. MLB / Toronto Blue Jays - trayectoria de Dave Stieb con Toronto
14. National Baseball Hall of Fame - trayectoria y elección de Roy Halladay
15. Diario Libre - Tony Fernández y la pregunta que me siguió por Toronto (primera entrega)