La crisis del corto plazo

Las decisiones inmediatas y los riesgos invisibles para las empresas

Por qué la gestión estratégica del agua es urgente para los negocios. (SHUTTERSTOCK)

Vivimos en la economía del ahora. Abundan las campañas publicitarias y las decisiones dictadas por la coyuntura, y no solo en nuestro país. Las corrientes políticas, más que las ideologías, junto con las redes sociales, influyen en lo que pensamos, hacemos o decimos. No es nuevo, solo se ha acelerado con la digitalización.

En los negocios, ignorar el impacto de nuestras decisiones más allá de unos meses puede salir muy caro. Por ejemplo, cuando un rubro agrícola resulta rentable, algunos empiezan a sembrarlo suponiendo que tendrán el mismo éxito, sin evaluar el esfuerzo necesario ni las tendencias del mercado.

Ocurrió con el cacao cuando alcanzó los doce mil dólares por tonelada. Algunos sembraron sin considerar el tiempo hasta la cosecha, las condiciones para obtener calidad y productividad ni la posible caída del precio cuando se recuperara la producción africana.

El cortoplacismo aumenta riesgos que muchas veces pasan inadvertidos porque las ventas mantienen niveles aceptables. Hoy citaremos tres áreas donde esto puede costarle mucho al país y a las empresas.

La primera es ver el agua como un gasto y no como un recurso que debemos gestionar. Con datos empresariales de 2020, CDP (sistema independiente de divulgación medioambiental) estimó que estaban en riesgo 301 mil millones de dólares de valor empresarial por problemas relacionados con el agua. Según el Instituto de Recursos Mundiales, el 60 % de la agricultura irrigada mundial enfrenta estrés hídrico extremadamente alto.

Evaluar el acceso al agua y las vulnerabilidades de la cadena de suministro importa para inversiones y financiamientos. El agua es indispensable para la agricultura, el turismo, las industrias alimentarias y textiles, etc.

La segunda es la conducta responsable. Durante años se vinculó principalmente con la reputación empresarial y la responsabilidad social corporativa. Hoy, muchas prácticas antes deseables se convierten en requisitos de mercado.

La normativa europea contra la deforestación, relevante para la producción de cacao y café, comenzará a aplicarse el 30 de diciembre de 2026. Estados Unidos ya restringe productos elaborados con trabajo forzoso; la Unión Europea aplicará su prohibición desde diciembre de 2027. La directiva europea de debida diligencia empresarial tendrá aplicación desde julio de 2029. Prepararse exige tiempo: conocer proveedores, documentar prácticas y trazabilidad y corregir incumplimientos.

La tercera es la preferencia del consumidor. Un producto o servicio rentable puede perder relevancia rápidamente. La digitalización y las inquietudes ambientales de los millennials y las generaciones Z y alfa influyen en qué compran y cómo. Para ciertos consumidores, el origen y la historia del producto pesan más que el precio; otros reducen el consumo de alcohol, exigen más de su compra o buscan experiencias auténticas frente a la saturación virtual. Las señales suelen aparecer antes de perder al cliente.

Los tres casos demuestran que el cortoplacismo y la falta de anticipación tienen costos tangibles. No basta con responder a los problemas cuando aparecen. Es necesario evaluar escenarios futuros, identificar vulnerabilidades, anticipar tendencias del mercado a mediano y largo plazo y, sobre todo, estar dispuestos a tomar decisiones hoy que permitan reducir riesgos y adaptarse a los cambios de mañana

Vivimos en tiempos de crisis y seguiremos enfrentándolas. Pero la verdadera crisis la tendrán quienes solo tomen decisiones para ganar a corto plazo, sin estrategias que protejan las condiciones que sostendrán su negocio mañana.

Facilitadora comercio y exportacion, experta exportación de servicios y Caribe.