Barahona: innovar desde lo que somos
El plan para potenciar los recursos estratégicos de Barahona
Durante un almuerzo en Barahona con miembros de la Defensa Civil, la Cruz Roja y los bomberos, compartimos la mesa desde responsabilidades distintas frente a una misma comunidad. Al salir de aquel encuentro me quedó una idea que va más allá de las emergencias: cuando las capacidades se coordinan, se logran resultados que el esfuerzo aislado difícilmente alcanza. Esa lección sirve también para organizar una cosecha, mejorar un negocio o abrir un mercado.
Barahona tiene productos que el país reconoce: el plátano, el café, el azúcar y el larimar, una piedra que solo se encuentra en su suelo. Su desafío no es descubrir riquezas, sino convertir las que ya tiene en ingresos más estables y oportunidades para su gente. Mi tesis es que la provincia necesita innovar desde su identidad productiva. Innovar no es solo incorporar tecnología; es encontrar mejores formas de cultivar, organizar, transformar y vender, de modo que cada eslabón deje más valor en manos de quienes trabajan.
La innovación empieza en la parcela. Para el plátano barahonero significa material de siembra sano, manejo eficiente del agua, vigilancia fitosanitaria y decisiones basadas en registros de costos y rendimientos. En 2023, Agricultura inauguró en Barahona una cámara térmica para producir material de siembra de plátano y guineo, con una inversión de RD$5.4 millones. En aquella actividad, el productor José Matos Dotel pidió caminos interparcelarios y riego. Su planteamiento encierra una lección: una tecnología rinde cuando existen las condiciones para aprovecharla. Por eso esa inversión merece seguimiento: cuántos productores acceden al material y qué resultados obtienen en sus fincas.
El azúcar muestra hasta dónde puede llegar el campo cuando se mide y se moderniza. El Consorcio Azucarero Central reportó en la zafra 2025-2026 una cosecha de 748,000 toneladas de caña propia y una producción de 81,124 toneladas de azúcar crema, con un rendimiento industrial de 10.85 % y la meta de superar el 75 % de mecanización del corte en la próxima zafra. La productividad se juega en esa relación entre recursos y resultados, desde el surco hasta la fábrica: medir, identificar pérdidas y mejorar procesos permite dirigir las inversiones hacia problemas concretos.
El segundo eslabón es la organización. Un productor aislado vende a quien llega y al precio que le ofrecen. Una asociación que reúne pedidos, clasifica la producción, programa cosechas según la demanda y comparte el transporte puede reducir pérdidas y negociar mejor. En el café, organizarse significa separar lotes por calidad, cuidar el secado y llevar registros que permitan conocer el origen de cada saco. La denominación de origen Café Barahona, que abarca zonas de las cuatro provincias de la región Enriquillo, es una identidad valiosa que solo se convierte en ventaja comercial cuando detrás hay productores organizados capaces de cumplirla.
El tercer eslabón es la transformación. Procesar plátano en presentaciones para restaurantes y hoteles, tostar y empacar café con marca propia o desarrollar diseños de joyería en larimar son formas de retener una parte mayor del valor que hoy sale de la provincia. En el larimar, el diseño, las herramientas adecuadas y la formación de artesanos pueden multiplicar el valor de cada pieza. Cada iniciativa debe probarse antes con estudios de demanda, costos e inocuidad: la innovación adquiere valor económico cuando resuelve una necesidad real y deja un margen sostenible.
El último eslabón es la venta. El prestigio de un producto abre puertas; la capacidad de abastecer con calidad constante, cumplir plazos y demostrar el origen permite mantenerlas abiertas. La trazabilidad, los canales digitales y los acuerdos directos con compradores, incluido el turismo de la región, pueden acercar a Barahona a mercados que hoy aprovechan otros.
Barahona cuenta, además, con una plataforma de conectividad e industria: un puerto, un aeropuerto internacional y una zona franca industrial en Villa Central. El puerto mueve hoy sobre todo carga a granel, como azúcar, yeso y sal, y la Autoridad Portuaria ha emprendido la reparación de sus muelles uno y dos, con una inversión cercana a RD$150 millones, con miras a recibir cruceros. El aeropuerto María Montez dispone de una pista de unos 3,000 metros, pero opera sin vuelos comerciales regulares. La zona franca aporta naves y empleo manufacturero en una provincia con poca industria. Innovar también es aprovechar mejor esa capacidad instalada: empacar y transformar en la zona franca lo que hoy sale sin procesar, ofrecer al visitante de crucero el café, el larimar y el plátano elaborado, y explorar la carga aérea para productos de alto valor.
Propongo un programa de innovación productiva para Barahona que reúna a la Gobernación, la Alcaldía y los demás ayuntamientos y la Cámara de Comercio y Producción con las asociaciones de productores, la Universidad Católica Tecnológica de Barahona (UCATEBA), el Infotep, los organismos de socorro y los operadores del puerto, el aeropuerto y la zona franca. Ya existe una base para hacerlo: este año, la Cámara y UCATEBA firmaron un convenio orientado a fortalecer la competitividad y el desarrollo económico de la provincia.
Su método debe ser práctico: seleccionar problemas junto a productores y compradores, probar soluciones a pequeña escala, medir costos, pérdidas, márgenes e ingresos, y ampliar solo lo que funcione. Un piloto podría organizar las entregas de plátano; otro, elevar la calidad del café; otro, desarrollar diseños comercializables de larimar. Así, el financiamiento y la formación responderían a necesidades comprobadas y no a supuestos.
El Estado también debe innovar: coordinar la asistencia técnica, simplificar trámites, invertir en caminos y riego donde la producción lo exige y dar seguimiento a los resultados. Las universidades y los centros técnicos pueden conectar el aprendizaje con la empresa, y los organismos de socorro pueden ayudar a prevenir los riesgos que las tormentas y las sequías imponen a la producción.
Aquel almuerzo me recordó que Barahona ya sabe trabajar unida cuando la emergencia lo exige. Su próximo salto llegará cuando aplique esa misma disposición al desarrollo: cuando nuevas formas de cultivar, organizar, transformar y vender permitan que aquello que la distingue también haga prosperar a su gente.