Atascos en el paraíso
Sin un plan urbanístico no hay desarrollo sostenible
Los proyectos turísticos se han tomado siempre como buena señal económica. Miles de empleos, generación de divisas: desarrollo. Pero… hay nubes en esta apuesta decidida por la industria de la hospitalidad.
Recientemente en Madrid, hace apenas dos semanas, se celebró una feria inmobiliaria en la que se ofertaron decenas de miles de nuevas habitaciones en proyectos ya en marcha o en vías de empezar. Muchas decenas de miles. Y ahí, en ese escenario, se sintió una ralentización en las ventas. ¿Mercado saturado?
La mayoría de estos proyectos se sitúan en las playas de la provincia La Altagracia que -es necesario recordarlo- carece de plan urbanístico. En un tiempo se habló de que habría un problema de suministro de agua, o de energía, o de infraestructura vial. Todo esto se ha manejado. Pero ahora lo que es obvio es que el tránsito es tan insoportable como el que se sufre en la capital.
Ya deberíamos haber aprendido. Sin plan urbanístico no hay desarrollo sensato de pueblos y ciudades. Eso también cuenta para las costas, que tienen su particularidad (como el libre acceso a las playas) y no solo de construcción anti huracanes. Un caos urbanístico es un aviso de fracaso y no lejano precisamente.
Quizá para algunos que se inauguren hoteles gigantes con torres de 18 niveles es una buena noticia. No lo es; el desarrollo turístico hasta ahora había respetado el entorno y ese era uno de sus mayores atractivos. ¿Queremos cemento, mucho cemento, en la playa? Parece que sí y que vamos en esa dirección.
El turismo atrae millonarias inversiones privadas. Al Estado le corresponde marcar las pautas y un plan urbanístico es condición innegociable para que beneficien a los inversionistas y a las comunidades que les acogen. A todos.
El tránsito caótico es, como ya sabemos, muy difícil de corregir. Háganlo pronto o no podrán.