Mientras dialogamos…
Planeando el futuro se descuida el presente
¿Y si el exceso de diálogo fuera tan infructuoso como su carencia? Dialogar, consultar, pactar, consensuar, negociar… todo hasta un cierto punto porque el diálogo también puede convertirse en un fin en sí mismo. En el inicio y la meta.
Asumimos que todo va bien mientras dialoguemos. Que es el punto de partida (y lo es) y que no tiene límite de tiempo o contenido. Eso es un espejismo: a veces no lleva a ninguna parte y perpetuarlo lo convierte en un obstáculo. “Mientras dialoguemos, todo está bien”, piensan algunos. Pero el diálogo no basta y lo sabemos.
Nadie duda de la buena intención de la Consulta Nacional para el Futuro de la Educación Dominicana lanzada por el Minerd. La justifica ese deseo siempre insatisfecho de que algún día daremos un salto cualitativo en educación. Pero tanto mirar al futuro nos dispensa de corregir el presente.
¿Qué queda por analizar, hablar, planear, tabular? ¿Cuántos diálogos, seminarios, consultas, talleres y pactos quedan por montar en torno a la educación dominicana?
¿Qué quieren y piensan los maestros? Está recogido en el libro de Berenice Pacheco-Salazar y Joan Noboa. ¿Qué quiere a la AFP? Lo deja muy claro en cada ocasión que se presenta. ¿Qué quieren los padres? Tampoco es un misterio. ¿En qué debemos gastar el 4 %? Ahí se complica.
El transporte, la comida, las tablets y las computadoras, clases de cívica, propuestas de educación vial etc… Hemos sido más eficientes en gastos necesarios pero complementarios que en lo que realmente importa.
El Pacto por la Educación se firmó en 2014. Los optimistas consideran que se ha cumplido buena parte de lo que se quería. Los pesimistas miran el resultado de los informes sobre el aprendizaje de los estudiantes y lloran. (Quién sabe, quizá en esta Consulta alguien dé con la clave.)