Hablar (por hablar)
La transición desde los medios masivos hacia el entorno digital hiperconectado
El filósofo español Julián Marías reflexionaba sobre los cambios sociales que han provocado los inventos que inciden en la comunicación humana. Eran los años 70 del siglo pasado y no le era posible avizorar lo que vendría 40 años después. Cada nueva tecnología de la comunicación, concluye, provoca transformaciones profundas en la sociedad.
La comunicación oral era interpersonal. Después, la escritura permitió registrar esas interacciones y facilitó el comercio y los intercambios culturales. La imprenta facilitó transmitir esos mensajes a miles en el espacio y en el tiempo. La radio hizo el intercambio instantáneo y millones de personas recibían el mismo mensaje al mismo tiempo. (Hitler, piensa Marías, no hubiera sido posible sin la radio). La televisión permitió ver y oír a la vez, pero en la individualidad de cada hogar, en un entorno más privado que su antecesor el cine.
Hoy la tecnología digital ha roto los límites del tiempo, el espacio y el alcance de la comunicación… Pero quizá estemos viviendo una involución: hablamos cada vez menos y nuestros mensajes combinan la escritura alfabética con iconos. Las palabras se recogen en siglas y los emojis nos remiten a la escritura jeroglífica de símbolos.
Unos científicos daneses lo han estudiado: hablamos 350 palabras menos al día que hace unos años. No solo se pierde vocabulario (y por tanto pensamiento) sino que nos aislamos, dicen los autores del estudio: perdemos el sentimiento de pertenencia social.
Y sin embargo… vivimos inmersos en una verborrea incontrolada de emisores con incontinencia verbal. Uno de los efectos más curiosos de las redes es que millones de seres humanos se dedican a contar ante la cámara de su teléfono su vida diaria. En realidad hablan solos aunque busquen millones de posibles escuchas. Quizá, simplemente les hace falta un amigo con quien charlar…