Los fonemas y los problemas que su función distintiva genera
La importancia de una letra en el oficio periodístico
Las palabras están constituidas por unidades o pequeños elementos fónicos llamados fonemas. Se agrupan estos en dos categorías generales: vocálicos y consonánticos. Así, son fonemas vocálicos, entre otros, la /a/, la /o/ y la /u/. Y son consonánticos la /p/, la /r/, la /s/, la /l/, la /n/…
Por la función lingüística que desempeñan, los fonemas son unidades distintivas, no significativas como la palabra; porque, aunque en sí mismos carecen de significados, pueden diferenciar el significado de las palabras de las cuales forman parte. Nótese, por ejemplo, el cambio semántico que se originaría en la palabra “coco” si se sustituye el fonema /c/ por /l/. Se aprecia claramente cómo un cambio fonológico puede producir un cambio semántico o variación del significado de la palabra. De ahí los problemas de sentido que se originan cuando al escribir, por descuido o ausencia de concentración, cambiamos una letra por otra (Lapsus) o cuando el impresor o transcriptor de un texto comete el mismo error (Errata).
Pablo Neruda (1904-1973), el muy renombrado Premio Nobel de Literatura (1971), nos relata una graciosa, curiosa y significativa experiencia al respecto, alusiva a uno de sus libros de versos publicados:
“En mi nombrado libro – confiesa el poeta – me atacó un erratón bastante sanguinario: «Donde digo “El agua verde del idioma…”, la máquina se descompuso y apareció “El agua verde del idiota…”»
Y cuenta, también, el error cometido por un impresor español en perjuicio de un poeta cubano:
«Allí donde el versista había escrito “Yo siento un fuego atroz que me devora”, el impresor había colocado: “Yo siento un fuego atrás que me devora”».
La anécdota nerudiana vale para los periodistas dominicanos en el momento de escribir, entre otros, el apellido de un director (Landrón) recién nombrado en la administración pública; pues si como bien describe Neruda lo que le sucedió con su libro, la “máquina” del redactor se “descompone” y, por error, omite o no escribe la primera “n” (ene) correspondiente al del apellido del susodicho funcionario, ya todos podrán imaginarse el tremendo problema en que dicho periodista podría verse envuelto.
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