Oro, lo viejo y lo nuevo
Atesorar reservas internacionales en oro puede generar intereses y reducir el costo del endeudamiento externo además de proveer la base para un futuro monetario moderno
En los negocios lo importante es preveer. Ahora que el oro sobrepasó los USD5,000/onza todos hablan de él. Desde 2014, cuando el oro cotizaba a USD1,300/onza, venimos proponiendo que el país debe recibir parte de sus ingresos auríferos en especie, para atesorarlos como Reservas Internacionales.
Se equivocan quienes creen que esta sería una táctica poco rentable, basada solo en la expectativa del aumento de precio. El mercado del oro provee varios instrumentos que permiten rentabilizarlas.
Quien posee oro físico puede utilizarlo como colateral para préstamos. Esto presenta la ventaja de que el oro es fácilmente evaluable como colateral además de que permite mantener la propiedad del oro y disfrutar de cualquier apreciación en su valor. Por la seguridad que ofrece, las tasas de interés exigidas sobre prestamos colateralizados con oro son mucho más bajas que las de mercado.
Con esto, el país pudo haber ahorrado mucho en el servicio de la deuda externa.
El oro también se arrienda. Empresas que necesitan suplirse pueden pagar una comisión para utilizar oro en cantidades requeridas a futuro. Esto genera un flujo de intereses al arrendatario y al dueño del oro.
Por último, hay un mercado de futuros de oro que permite escalonar la venta del oro, concretando entregas a plazos que se entiende presentarían un mejor precio.
Como estrategia país, es mucho lo que el país pudo haber derivado en beneficios adicionales a la simple extracción.
Estas estrategias invalidan la postura sobre la imposibilidad de ahorrar siendo un país necesitado de recursos. Bien valdría la pena ver el caso de Chile quien estableció un fondo del cobre desde 1880. Fue convertida en 1958 a la Ley Reservada de Cobre que hasta 2019 requería dedicar un 15 %-10 % de los ingresos cupríferos para gastos en material militar. Esto fue sustituido por una estrategia para abastecer a las industrias manufactureras nacionales y el establecimiento de un Fondo de Contingencia Estratégico o Fondo Soberano que reservaba recursos en épocas de altos precios para ser utilizados durante periodos de crisis.
La presidente Michelle Bachelet fue la visionaria quien, siendo socialista, se opuso a propuestas de gastar esos fondos para reducir la alta desigualdad, prefiriendo ahorrar USD 35,000 millones en tres años. Cuando aconteció la crisis financiera de 2008 y las exportaciones chilenas cayeron 30 %, Chile pudo aumentar el gasto social, proveyendo una pensión mínima, apoyos a madres solteras, centros de cuidado infantil y transferencias a familias de muy bajos ingresos sin aumentar la deuda pública.
Por último, la expectativa de aumento de precio, como una estrategia de largo plazo, está confirmada. El precio del oro presentó una tasa de crecimiento promedio del 7.3 % desde 1985, con tendencia al alza, o mayor volatilidad. Esto pudiera implicar que el oro volviera a bajar de precio en algún momento si la incertidumbre mundial cediera, pero tampoco se sabe si ha alcanzado su tope.
Eso por lo viejo. Por lo nuevo, se está hablando de tokenizar el oro. ¿Qué significa esto?
Instituciones, entre las cuales pudiera haber bancos centrales, acumularían oro contra cuyo valor emitirían tokens, o monedas digitales, en base a tecnología blockchain. Esto efectivamente retornaría el mundo al patrón oro monetario que fue abolido en 1974 en Bretton Woods.
El país tiene por delante muchas oportunidades relativas a su oro, de la cual debe atesorar una parte, pero para eso, hay que tener visión y estrategia.