Sánchez y la soberanía nacional
La diplomacia de un héroe frente a la anexión
En el arte de la política, observó Maquiavelo, la negociación es un acto que casi siempre responde, más que a virtudes morales, a necesidades derivadas de coyunturas político-sociales específicas supeditadas a las conveniencias de los agentes involucrados en el proceso de concertación de acuerdos.
Hacia finales de 1860, Francisco del Rosario Sánchez, quien se encontraba exiliado en Saint Thomas, enterado de los planes anexionistas, decidió organizar un movimiento armado -de acuerdo con el partido baecista- a fin de contrarrestar el proyecto antinacional de los santanistas. En adición, y consciente de que a los haitianos tampoco les convenía la presencia de España en la isla, gestionó el apoyo de sus antiguos antagonistas políticos contra los que luchó en 1844 para cristalizar la independencia dominicana.
Así las cosas, ya en enero de 1861, Sánchez estaba en Puerto Príncipe gestionando apoyo para la Revolución de la Regeneración Dominicana. El 17 de marzo, apenas un día antes de proclamarse la anexión a España, Sánchez se reunió con el presidente haitiano Fabré Geffrard. ¿Qué negoció Sánchez? Apoyo logístico, pertrechos y facilidades para penetrar al territorio dominicano, a despecho de las presiones que en sentido contrario ejercían las autoridades dominicanas y españolas.
El héroe del Conde también sostuvo reuniones con los ministros de Relaciones Exteriores y de Interior y Policía de ese país, quienes fueron enfáticos en el sentido de que, para apoyar la revolución antianexionista, se les debía reconocer el derecho de propiedad sobre los pueblos dominicanos que Haití reclamaba conforme al estatus quo post bellum de 1856.
Sin embargo, en ningún momento Sánchez estuvo de acuerdo con semejante reclamo, y así lo expresó en una carta poco conocida, de fecha 20 de marzo de 1861, en la que afirmó que durante las negociaciones los aludidos ministros quisieron imponerle “condiciones que no estaban en [su] interés”, y a cambio de las cuales se le habría dado el apoyo solicitado. (Ver la biografía Sánchez, de Ramón Lugo Lovatón, dos tomos, 1948).
Respecto del reclamo de los pueblos que ilegítimamente ocupaba Haití, Sánchez nunca abjuró de su convicción nacionalista y defendió dignamente la soberanía territorial dominicana. Les advirtió a los funcionarios haitianos que su reclamo sobre el estatus quo de 1856 era improcedente y que resultaría desventajoso por el peligro que esa enajenación suponía para la República Dominicana.
Sánchez, incluso, fue más lejos y en una admirable síntesis histórica de las vicisitudes dominicanas padecidas a consecuencia de la equivocada interpretación haitiana del Art. 9 del Tratado de Basilea, se refirió a los errores que en diferentes épocas cometieron los gobernantes haitianos en relación con el pueblo dominicano:
“Diez y ocho años ha que Haití hace uso de la política más equivocada respecto a la parte del Este. En el primer período se ve Haití queriendo asimilar al Este, en todas cosas, con el Occidente: este fue un error de tendencias. En el segundo período se ve a Pierrot y principalmente a Soulouque queriendo reconquistar el Este: este fue un craso error de aspiraciones en el poder. En el tercero que es el actual parece que se cree mucho en una vuelta o sumisión espontánea hacia la antigua Dominación absoluta de Haití sobre el Este, este es un error en las esperanzas, política funesta que hacer perder un tiempo precioso que podría utilizarse obrando en favor de la paz y de la alianza” de ambos pueblos. ¡Cuánta lucidez!