El Índice de Chapultepec
La libertad de expresión se disfruta desde hace décadas
La República Dominicana encabeza la más reciente edición del llamado Índice de Chapultepec, el mecanismo con el que la Sociedad Interamericana de Prensa mide los niveles de libertad de expresión y prensa en los diferentes países de la región. Y si bien siempre será una buena noticia que el país lidere renglones de esta naturaleza, no se puede obviar que se trata de un calificación subjetiva.
Ya que al margen de naciones que sufren vulneraciones a la libertad de expresión como consecuencia de procesos de deterioros democráticos, y de acontecimientos puntuales que en ningún caso constituyen realidades constatadas y mucho menos generalizadas, en esta valoración priman fundamentalmente opiniones e intereses personales o grupales de quienes representan cada uno de los países miembros.
El país aparece encabezando el escalafón del veinte veinticinco, pero no es cierto que alcanzamos plena libertad de prensa el año pasado. Hace tiempo que aquí se disfruta de una absoluta libertad de expresión. Tanta, que a veces se abusa al punto de rayar en el libertinaje.
Y si bien el actual jefe de estado es un hombre particularmente cercano, amable, abierto y respetuoso en su trato con periodistas y comunicadores, esa libertad de expresión de que disfrutamos es el resultado de una construcción que inició muchos años antes de que Luis Abinader ascendiera las escalinatas del Palacio Nacional.
Apenas meses después del ajusticiamiento de Trujillo, la República Dominicana inició una lucha por la libertad de prensa y de opinión que dejó en el camino mucha sangre y sacrificios de cientos de hombres y mujeres que pusieron en juego sus vidas y las de sus familias en defensa de esos principios.
Pero aún si sólo evaluamos tiempos más cercanos, la prensa y el ejercicio de la comunicación en el país fue tan libre y plena con Leonel Fernández y Danilo Medina como lo es hoy con Luis Abinader. Y es aquí en donde más se evidencian las subjetividades.
En los veinte años de gobiernos morados no se produjeron arrestos de periodistas ni persecuciones a dueños de medios, ni sanciones administrativas, intimidaciones y mucho menos acciones violentas desde el poder para silenciar plumas o voces. La libre expresión del pensamiento y la opinión se ejercía, exactamente igual que ahora, con absoluta libertad.
Pero sucede que entonces una parte de la prensa apandillada en contra del Partido de la Liberación Dominicana y sus gobiernos, manipulaban la percepción atribuyendo cualquier movimiento administrativo, cancelación o cierre de espacio a supuestas presiones del poder. Y a pesar de no mostrar evidencias que sustentaran esas acusaciones, e incluso aunque los dueños de medios negaran esas versiones, las notas de prensa dando cuenta de esas “presiones” siempre formaron parte de los informes de la SIP.
Pero como en el último lustro buena parte de ese grupo fue nombrado, pensionado o bien alimentado, ya los cierres de programas de radio o televisión o los movimientos de personal en las empresas de comunicación no son atribuidos a presiones de gobierno. Y esa, nadie se llame a engaño, es la razón primordial por la que hoy encabezamos el Índice de Chapultepec.