Politiquería populista

Las medidas del gobierno para proteger a los más vulnerables

Los dos principales partidos opositores son una cantera de talentos, lo acreditan veinte años de gobiernos buenos y transformadores integrados por ministros y funcionarios que hoy forman parte de sus equipos técnicos. Por eso da tanta pena la pobreza de sus críticas mientras el país enfrenta los efectos negativos de la guerra en Irán, que se reducen a la politiquera populista, muy alejadas de sus capacidades y experiencias. 

El Partido de la Liberación Dominicana propone la implementación de un plan de austeridad basado en la reducción de lo que llaman gasto corriente no prioritario. Pide que el Estado reduzca el gasto y con ello su presencia en la actividad económica, en momentos en que la economía global amenaza con contraerse pudiendo afectar sectores fundamentales del apartado productivo nacional.

Lo que muy por el contrario obligaría al gobierno a gastar más y aplicar medidas contracíclicas que prevengan o mitiguen una posible ralentización o incluso una contracción de la actividad económica. Siempre se pueden identificar mejoras en el gasto público, pero en esta coyuntura plantear un programa de austeridad no es más que un solemne disparate. 

En el caso de la Fuerza del Pueblo las propuestas son tanto fantásticas como fantasiosas. El líder de esa organización, el expresidente Leonel Fernández, al solicitar soluciones frente al impacto del alza del petróleo refirió a la gestión de crisis similares durante sus gobiernos, y sugirió al presidente Abinader convocar a países latinoamericanos productores de petróleo a crear un programa que replique las condiciones que en su momento ofreció Petrocaribe

Algo simplemente imposible en el actual momento geopolítico, donde no existe un Hugo Chávez dispuesto a comprometer la riqueza de su nación para comprar liderazgo e influencia, y la política de seguridad nacional de la actual administración estadounidense tiene como objetivo central recuperar su hegemonía en la región. 

Pero además debe recordar el presidente, dirigentes y voceros de los verdes, que ese programa no estaba concebido para abaratar el precio al que se vendían en el país los carburantes. Los beneficios de Petrocaribe no fueron directamente a los bolsillos de la gente, sino que facilitaron la estabilidad macroeconómica por un tipo de cambio menos presionado por el incremento de la factura petrolera. 

Las autoridades deben hacer todo cuanto esté a su alcance para proteger a los más vulnerables y a la clase media, sin afectar la estabilidad y el crecimiento de la economía. Y en esa dirección van algunas de las medidas adoptadas, pues a pesar de los últimos aumentos, el gobierno asumió la mayor parte del incremento en los precios de los combustibles, y mantiene el compromiso de no reducir el ritmo de la inversión pública.

Desde la oposición política se hace eso, oposición a quienes ejercen el poder. Pero ante las consecuencia de un conflicto que no controlamos y que afecta los costos de activos energéticos que no producimos, deben también actuar con responsabilidad. Esta crisis nos está afectando, y existe el potencial de una prolongación que empeore aún más las perspectivas. Un escenario en el que no caben el populismo y la politiquería.