¿Por qué Santo Domingo?
Dos naciones, un espacio, el contrapunteo histórico entre dominicanos y haitianos
El dilecto amigo Juan Daniel Balcácer hizo una puntualización importante durante la presentación que hizo de mi libro “Santo Domingo: génesis y ruptura de dos naciones”, tema que tiene gran relevancia para los dominicanos por tratarse del origen del nombre de nuestro país.
Aducía el historiador Balcácer que no es casual que en el título del ensayo se diga Santo Domingo, porque “es el auténtico nombre de nuestra isla; y porque además es el nombre de nuestro país, del cual deriva el gentilicio con el que, desde el siglo XVll, somos identificados los naturales de Santo Domingo”.
Dice el expresidente de la Academia Dominicana de la Historia que quienes nacieron en el suelo patrio, “debemos respetar y defender nuestra tradiciones culturales e históricas, así como también defender nuestra Constitución, cuyo Art. 9 dice que el territorio nacional es inalienable y está conformado por la parte oriental de la isla de Santo Domingo…”.
“En consecuencia—refiere Balcácer—no debe permitirse que ningún organismo internacional, ni ningún Estado, pretenda despojarnos de nuestro nombre histórico porque atentaría contra el auténtico gentilicio que siempre reivindicó Juan Pablo Duarte”.
Para el historiador, nuestro ensayo “no es un estudio comparado del devenir histórico de los dominicano y haitiano, sino más bien un admirable ejercicio de análisis —a la manera de un contrapunteo o contraste— del largo proceso social, político y económico del cual emergieron las dos comunidades de destino o naciones que comparten el mismo espacio insular”.
Citando a uno de los ilustres intelectuales dominicano, quien al referirse a las causas históricas que hacen de República Dominicana y Haití una suerte de hermanos ligados por lazos diversos, Balcácer refiere a don Américo Lugo cuando afirmó: “Forzosamente encaminados a un objetivo idéntico de conservación, desarrollo y organización para conservar sus respectivos territorios respetando cada Estado su soberanía e independencia”.
En este punto, cabe destacar que en mi ensayo señalo que, si bien República Dominicana y Haití comparten orígenes comunes, las trayectorias históricas de los dos pueblos han seguido sendas distintas, una vez que la parte occidental de la isla hizo su independencia y abolición de la esclavitud, mientras Dominicana se liberó de los propios haitianos. No significa esto que tengamos que perpetuar los momentos de fricciones del pasado, sino superarlos y trabajar con propósitos que puedan ser comunes, cada cual en su espacio, sin intromisión de uno o de otro en los asuntos que les son de su exclusiva responsabilidad.
Muchos de nuestros rezagos anclan precisamente en la manera en que cada país y sus liderazgos encaran los desafíos desde sus respectivas independencias.
El Santo Domingo español, la identidad nacional, como dinámica dialéctica en constante transformación hacia nuevas realidades cualitativas, obedeció a la mezcla del aborigen con el español y el africano. En tanto, en la parte francesa la mezcla del esclavo africano con el blanco francés dio lugar a una variada gama racial en la que el blanco, el negro y el mestizo conformaron un sustrato de la sociedad haitiana.
Si a la corona española se le pudiera endilgar alguna responsabilidad en el desprendimiento de la parte occidental de la isla, se debe, entre otros factores, a una mala decisión que tomó con las Devastaciones de Osorio (1605-1606), ordenadas por el rey Felipe lll, de España, lo que dio carta verde a Francia para reclamar luego como suya. Las actividades llevadas a cabo desde la isla La Tortuga fueron los escarceos de piratas, vikingos y bucaneros que comento en el ensayo.