Un victoria pírrica

La falsa victoria de Donald Trump frente a Irán y su debilitamiento geopolítico

Aunque el presidente Trump declaró una victoria en Irán, la realidad es que de esa guerra salió por la puerta trasera y geopolíticamente debilitado. Mostró vulnerabilidad económica, fragmentó sus alianzas con las monarquías del Golfo Persico y profundizó sus diferencias con sus socios europeos.

Al iniciar las hostilidades declaró que sus objetivos eran destruir el programa nuclear iraní, propiciar un cambio de régimen y controlar su industria petrolera, y se pasó semanas amenazando con destruir ese país si no los alcanzaba. Y al final la realidad resultó completamente distinta.

A la firma del memorándum de entendimiento que puso fin al conflicto, la teocracia de los ayatolás no sólo sigue en pie, sino que salió fortalecida. Pues el acuerdo establece que en lo adelante Estados Unidos debe respetar la soberanía y la integridad territorial de Irán y abstenerse de interferir en sus asuntos internos, levanta además todas las sanciones que restringían su economia, libera los fondos y activos retenidos y otorga reparaciones por trecientos mil millones de dólares, que aunque no especifica de que bolsillos saldrán, no será del petróleo o el gas iraníes.

Porque Irán no compromete ni cede un ápice de soberania sobre su riqueza energética, y consigue además regresar al mercado global como un actor cualquiera. Ya no será un paria internacional que vende petróleo como un pirata para volarse sanciones, pues los estadounidenses se comprometieron a levantar todas las restricciones financieras y bancarias y emitir las exenciones y los permisos necesarios para facilitar la libre exportación de crudo y derivados iraníes.

Sobre el supuesto compromiso de no adquirir o desarrollar armas nucleares, el gran logro que reivindica el presidente estadounidense, esto no es diferente a lo que siempre ha mantenido ese régimen y de lo que igualmente ha desconfiado la comunidad internacional. Y en este acuerdo en particular no aceptan destruir su programa nuclear, solo reducir el grado de enriquecimiento del Uranio que poseen, y lo harán en territorio iraní bajo la lupa del Organismo Internacional de Energía Atómica, sin intervención ni supervisión de terceros países.

Irán tampoco pagará indemnizaciones por los ataques a los países vecinos y los daños ocasionados a sus instalaciones energéticas e infraestructuras, ni harán concesiones en materia de derechos humanos o libertades civiles. Y en adición ganan control sobre el Estrecho de Ormuz, pues donde antes se permitía el tránsito libre y gratuito, en lo adelante se cobrarán tasas por transporte y servicios marítimos, con la región y la economia global sometidas a las amenazas y el chantaje de un régimen que demostró capacidad para atacar buques comerciales y estrangular ese paso cuando le venga en ganas.

Es evidente que estamos ante un acuerdo infinitamente peor que el alcanzado hace más de una década por Barack Obama, y que Trump rompió en su primera presidencia. Con la diferencia de que este costó vidas humanas y destrucción, y miles de millones de dólares del contribuyente estadounidense.

Cualquier parecido con el rey Pirro y su victoria sobre los romanos no es coincidencia, es pura incompetencia e ineptitud.