Muchos polvos traen más que lodo…
Reflexiones de una lectora sobre el bovarismo, la crítica y la historia
La primera novela de Gustave Flaubert (Rouen 1821-Croisset 1880), Madame Bovary (Levy Fréres, París, 1857, 490 páginas), fue editada hace diez años en español con una muy elogiada traducción por Mauro Armiño (Cereceda 1944), incorporando fragmentos inéditos (Pengüin Clásicos, Madrid, 2016, 464 páginas). Vi en Cuesta una edición por Astria Ediciones, de este año, y sonreí al recordar que cuando salió esa obra a mediados del siglo XIX su realismo causó indignación, exacerbada por su éxito de ventas. Provocó un proceso judicial por el Gobierno francés, que acusó a Flaubert por los delitos de “obscenidad y ofensa a la moral pública”. Fue descargado. Flaubert cuenta la tragedia de una mujer de pocos medios en una comunidad rural que destruye su vida al combatir su inconformidad tratando de aparentar un estatus socioeconómico superior. La novela y el personaje dieron origen al término “bovarismo”, un estado crónico de insatisfacción o disociación cognitiva que motiva la errada autopercepción de ser más importante de lo que realmente se es, provocando actitudes de incesantes conflictos interpersonales y agrura.
El etnógrafo y médico Jean Price-Mars (Grand-Riviére 1876-Pétion-Ville 1969), embajador en Santo Domingo y canciller de Haití, fue calificado como “padre de la negritud” por el poeta y presidente senegalés Leopold Sédar Senghor (Dakar 1906-París 2001), en parte, pero no solo, por su defensa académica del vudú. Price-Mars acuñó el término “bovarismo colectivo” para calificar a la élite blanca haitiana y a intelectuales dominicanos identificados con la cultura europea más que con nuestras raíces africanas. ¡Dicen que se burlaba de negros o mulatos que casaban con mujeres muy blancas… esagerazione del razzismo inverso! Joaquín Balaguer (Villa Bisonó 1906-Santo Domingo 2002) -gran hispanista emparentado con Lilís- dedicó póstumamente a Price-Mars su libro La Isla al Revés, Haití y el destino dominicano (Fundación Caro Álvarez/Editora Corripio, S. D., 1983, 258 páginas). La grandeza no requiere explicación, pero la sublime y nívea Lucía es una pista…
Mucho afán
Agradezco el atento artículo de bienvenida que me dispensó recientemente el laureado periodista Diógenes Céspedes (Hato Mayor, 1941), profesor meritísimo de la UASD, premio nacional de literatura 2007, premio nacional de ensayo 1983 y miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y también de la de Ciencias. Céspedes es de los más emblemáticos críticos literarios dominicanos. El profesor Céspedes ha sido reconocido como becario Fullbright, distinción que comparte con 63 ganadores del Nóbel y 94 del Pulitzer. Desde su creación en 1946, miles de intelectuales han participado en ese programa del Gobierno estadounidense.
De sus más de veinte libros, quizás la obra cumbre de Céspedes es Memorias contra el olvido: autobiografía literaria 1947-1995 (La Trinitaria/ Búho, S.D., 2001, 545 páginas), pese a su raído título. Es una emotiva y sincera narración de sus orígenes, las costumbres y penurias del campesinado de la región este del país. Son admirables sus denodados y exitosos esfuerzos por ascender y cultivarse intelectualmente. El autor narra sus percepciones de los cambios sociales, políticos y culturales durante el casi medio siglo que abarca su conmovedor relato, escrito sin mayores pretensiones. No juzguen este libro por su portada. Es imposible asimilar su prosa confesional sin comprender el respeto que merece este autor y crítico. Igual que él, cualquiera rompería lanzas en una legítima búsqueda de reafirmación del reconocimiento de sus ideas y circunstancias. Las asperezas de la primera juventud marcan la vida aunque con inteligencia y esfuerzo se supere la adversidad. Esta autobiografía debe leerse.
Mi opinión sobre el escritor se basa en sus libros, artículos de prensa y el prestigio de sus interlocutores, pues no lo conozco. Sé del aprecio que le profesan muchos de los mejores periodistas dominicanos. Solo la incomprensión o falta de empatía azuzan el fuego del encono entre colegas que difieren en sus gustos, educación y lecturas. Cualquier opinión de poca importancia, como la mía, de una pajuilita diletante, jamás debería molestar al veterano octogenario literato del parnaso criollo. Che assurditá! Creo que fue Borges quien dijo que a veces lo que escribimos no se parece a nosotros.
Muchas eses
La traviesa Maruja -seguramente apandillada con Tere y Mafalda y el tío Geppetto- me puso este correo:
“Mirope, ¿has visto la falta de sencillez y de naturalidad, una extravagancia al escribir en la prensa, que es iniciar cada párrafo con dos letras ‘s’ entrelazadas o superpuestas? Es el glifo de la antigüedad latina que significa signum sectionis, usado con guarismos arábigos para secuenciarlo. No, no, no… ¡es demasiado con mucho! ¿Recuerdas las clases del profesor Montanelli? Se burlaba y reíamos cuando decía que la afectación de alguna gente es para impresionar a los incautos o ignorantes. Este signo no es coherente dentro de cualquier texto cuyo autor invoque la modernidad de teorías lingüísticas, pues un inútil garabato medieval oscurece el significado. A diferencia de otros signos ortográficos auxiliares, como tildes, guiones, barras, paréntesis o de interrogación o exclamación, ese firulete § no ayuda al entendimiento”.
Difiero. Cada cual que escriba como desee, que la última palabra es del lector, aunque la vanidad nos haga olvidar que todo lo escrito por la humanidad puede desaparecer en un mili-segundo apocalíptico. Además, ¿a quién, aparte de mi quisquillosa prima, puede molestarle este disparatico? Marujita, no me enchinches… Otium periculosissimum est.
Mucha maldad
Quizás el inicio de la tiranía de Rafael Trujillo (San Cristóbal 1891-S.D. 1961) no fue una irrupción, pues no hubo un acometimiento impetuoso y repentino. Desde su ingreso a la guardia -durante la ocupación estadounidense- el ascenso del ladrón, asesino y violador fue una progresión indetenible de una fuerza de la naturaleza.
El historiador y filántropo Manuel García Arévalo (S.D. 1948) y su esposa Francis Pou de García (Caracas, 1957) aprovechan los minuciosos informes despachados a Madrid por el cónsul español Francisco Javier Meruénano, en su rigurosa investigación La caída de Horacio Vásquez y la irrupción de Trujillo… (ADH Vol. CXLIII-Amigo del Hogar, S.D., 2018, 484 páginas), para un análisis de las condiciones para el golpe de Estado del 23 de febrero del 1930. Estas incluyeron la eliminación del caudillismo de conchoprimo por las tropas interventoras, el mal aconsejado intento continuista del presidente Vásquez (debilitado por mala salud y políticamente) y la cómplice aquiescencia de la incipiente oligarquía capitaleña.
Pou de García es socióloga y activista cultural con obras propias. García Arévalo es presidente desde 1971 de la Fundación García Arévalo, que ha publicado más de 60 obras y patrocina un importante museo arqueológico precolombino. En la historiografía dominicana sobre el siglo XX abundan narraciones basadas en las versiones locales o desde Washington. Este excelente aporte de los esposos García-Pou realmente merece leerse.
Mucha sinrazón
A los dioses del olimpo literario quisqueyano hay que respetarlos. Por algo son lo que son, trigo milagroso en un erial. Prefiero las flores al lodo. Abejita colectora de polen para libar miel, si pica muere. Terminaría como Emma Roualt (la esposa del doctor Bovary). Repito una frase de otro ilustre maestro: “avanziamo con la nostra alteritá alla ricerca del futuro ideale…” ¡Paz!
mirope.exlibris@libero.it