Quedan dos años, debe apurar
Su legado podría debilitarse de no aprovechar estos veinticuatro meses para desbloquear proyectos, impulsar reformas y corregir entuertos
Luis Abinader inició el trayecto de sus dos últimos años en la Presidencia de la República. Ha sido un buen gobernante, responsable, muy trabajador y organizado. Pendiente de los compromisos que asumen su gobierno y sus funcionarios, ha tratado que sus iniciativas y obras alcancen la mayoría de los territorios. Y a pesar de enfrentar diversas crisis y conflictos internacionales, la economía dominicana navega sin mayores turbulencias, crece con solidez y resiliencia, la inflación se encuentra bajo control y genera divisas en cifras sin precedentes sustentada en el turismo y la inversiones extranjera directa.
Seis años con más luces que sombras, con obras importantes, y sin embargo su legado podría debilitarse de no aprovechar estos veinticuatro meses para desbloquear proyectos, impulsar reformas y corregir entuertos.
No puede permitir que el ruido de la calle y las presiones de medios y redes sociales le obstruyan el avance de proyectos importantes para el país. Por ejemplo la construcción de la Autovía del Ambar, la primera obra que anunció en su toma de posesión en el veinte, colocaría a Santiago y Puerto Plata a treinta minutos de distancia y es indispensable para la viabilidad del proyecto de Punta Bergantín. O la planta de manejo de residuos sólidos en El Aguacate, que de no instalarse antes de que colapse el Vertedero de Duquesa, restará brillo a una iniciativa de su gobierno que implementa un modelo que ofrece excelentes resultados en lugares como Verón, San Cristóbal, Santiago y Puerto Plata.
Debe consolidar la reforma policial y las políticas de seguridad ciudadana, su gran apuesta personal hoy amenazada con ser desvirtuada producto de un modelo que pretende instalar una ley que no se ajusta a las realidades sociales dominicanas y que debilita conquistas y derechos adquiridos por los policías.
Y si bien es justo reconocer que pudo sacar adelante la reforma del Codigo Penal, le está resultando imposible conciliar los intereses en torno a la modificación del Código Laboral, y por primera vez en más de tres décadas, el quiebre del tripartito que garantiza la paz laboral es una amenaza latente. Por tanto, el Presidente debería utilizar su capital político para alcanzar consensos razonables para la actualización de esa legislación y la reforma del sistema de seguridad social.
Y algo debe hacer ante lo que podrían convertirse en sus dos grandes fracasos, el desorden del tránsito y el deterioro de la salud financiera de la comercialización eléctrica. Ambos problemas heredados, pero agravados considerablemente en sus gobiernos.
República Dominicana ha consolidado su liderazgo mundial en muertes por accidentes en vehículos de motor, a lo que se adiciona un agravamiento exponencial del desorden en el tránsito. Y si bien el problema eléctrico es viejo, el déficit presupuestario provocado por la ineficiencia en la comercialización constituye un corte en la yugular de las finanzas públicas, y en estos seis años se ha duplicado, consecuencia de un incremento considerable de las pérdidas técnicas de las empresas distribuidoras.
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