Vacas en vacaciones

Memoria y evolución del consumo de leche en la República Dominicana

De las tradicionales botellas de vidrio a los empaques modernos, la producción láctea forma parte de la historia cotidiana dominicana. (Shutterstock)

Hace ya un buen tiempo que nuestras ubres nacionales gozan de unas bien ganadas vacaciones, ayudadas por la eficiencia láctea de sus congéneres europeas que reciben subsidios de la UE y se benefician del EPA y las cooperativizadas costarricenses que aprovechan el TLC con Centroamérica. Realizando ahora una encomiable tarea al proveernos leche de calidad superior y en diversidad. Para disfrute del consumidor, siempre merecedor de la mejor relación calidad/precio.

Nuestras cadenas de supermercados, grandes importadores e industriales líderes, se han esmerado en subirse a ese tren, atraídos por la globalización que Trump aspira inútilmente reversar. Nada pintan en este asunto entidades como Confenagro, Patronato de Ganaderos, Aproleche, Conaleche, AIRD o los ministerios de Agricultura y de Industria Comercio y MiPymes. Se trata de algo que simplemente ha venido fluyendo.

Lo mejor de esta historia es que los actores concernidos son inocentes de pecado alguno en el marco del libre comercio, exonerados de caer bajo el remolino de alguna de las tantas procuradurías creadas para entretener la curiosidad ciudadana. Mientras -como decía el pequeño gigante Rodriguito en la esperada narración de El Suceso de Hoy por La Voz Dominicana-, “la vida no se detiene, prosigue su agitado curso”.

Siendo niño y adolescente fui un lacto adicto, aunque ya en adultez, por razones de tolerancia enzimática, debí decirle adiós a este maravilloso líquido que Dios nos dio para nutrir nuestros huesos y forjar el desarrollo corporal. Nostálgico, recuerdo a mi madre recibiendo los bidones de la finca familiar y despachando el preciado alimento a los vecinos desde una repisa que daba a la marquesina, usando una lata de Avena Quaker con asa adosada equivalente a una botella. Llegaba tan espesa la leche que había que sacarle la mantequilla formada en grumos en la superficie y bautizarla ligeramente para poderla dispensar.

Bajo el auge agropecuario e industrial vivido en la Era de Trujillo en los 50, que incluyó la inauguración de la Ciudad Ganadera en 1957 y la moderna Industrial Lechera en la San Martin, en el hogar de mi abuela Emilia en Trinitaria 4 se abonaron a la distribución de su leche pasteurizada, dejada temprano en la puerta en envases cilíndricos de vidrio grueso y boca ancha, sellados con una tapa de cartón y cargados en canastos metálicos.

Su aparición, pese a ser empresa de la monopólica familia Trujillo, no desplazó la venta de la modesta leche fresca portada en bidones. Un aviso de prensa al final del 58 exhortaba a la “dueña de casa” a llamar por teléfono “cuando haya sido violado el alambre, la tapa de la botella” o “no le hayan servido a tiempo”. Invitando a visitar la planta “para conocer el proceso del producto que usted y su familia consumen”.

Luego llegó en los 60 Pangola: “leche de vaca sana pasteurizada, homogenizada y desodorizada”, propiedad de Ángel Díaz e hijos con planta en San Martín 240, envasada en botella de cristal ligeramente verdoso con nombre alusivo al reputado pasto. En publicidad del 67 en Listín Diario se promovía a 16 centavos la botella.

Asimismo, surgió Pasteurizadora Rica, cuya planta fue inaugurada en enero del 66 promovida por el Dr. Julio Brache, la familia Cáceres y un grupo ganadero. Una botella de cristal claro más fino en formato French Square cerrada con lámina metálica. Igualmente llevada tempranera a los hogares mediante abono. De excelente calidad. Un proyecto impulsado por ganaderos trasmutados a industriales, que ha perdurado bajo los apreciados parientes Brache Álvarez.

A inicios de los 70, a impulso del Dr. Miguel Contreras y ganaderos de Monte Plata, surgió Leche Fresca en la Zona Industrial de Herrera como un nuevo jugador en el mercado de pasteurizados. Tras más de 50 años, la empresa todavía aparece proveedora del Estado bajo la dirección de los hijos del fundador.

Otros proyectos quedaron en el camino, pero vale mencionarlos. La Cooperativa Quisqueya (COQUEYA) de 1967 y PULEDOM (Pura Leche Dominicana) en La Vega, dos décadas después, amparado en la Ley 299 de Incentivo Industrial promulgada en los 12 años desarrollistas de Balaguer.

Pese a mi obligada desafección láctea -atrapado por una historia de viejos deleites y la manía profesional de realizar pantry check en los super- tuve la esperanza de un renacimiento perdurable de nuestra industria láctea. Fue el proyecto de la Asociación de Ganaderos de Monte Plata (AGAMPTA) inaugurado en 2017, que suplía unas 200 mil raciones diarias al INABIE para el Programa de Alimentación Escolar (PAE) e involucraba a 120 ganaderos. Alentada por el Dr. Pablo Contreras, esta iniciativa derivó en su excelente UHT Monte Leche que adquiría en La Sirena a precios atractivos en empaques Tetra Brik, en versiones Entera, Semidescremada, Descremada y Choco Leche. Y obsequiaba a familiares como mi hija Laura, madre de 3 niños.

Fue una época dorada la que vivieron esos ganaderos, ya que también empacaban a marcas blancas como Líder de CCN y Gold de Plaza Lama. Con acceso a financiamiento de programas gubernamentales, al parecer una serie de factores se combinaron -incluido el golpe representado por el Covid19 y la cuarentena- para afectar el proyecto. Merecedor de un second chance.

Como le consta hoy al consumidor, las empresas pasteurizadoras líderes gozan de prestigio bien ganado. Tal el caso de RICA, que procesa leche de ganado local en la mayor parte de sus marcas con altos volúmenes de venta y una amplia gama de opciones como Listamilk, la Línea Salud con 0 %,1 % y 2 % descremada y deslactosada, al igual que Choco Rica y la evaporada. Atendiendo la lógica de un mercado abierto, la empresa se ha subido al tren de las ubres europeas en su formato Rica Familiar y en ocasiones La Vaquita ha sido ayudada por sus colegas polaquitas. En jugos cítricos y ahora agua de coco, RICA se halla a la vanguardia.

MERCASID de los Bonetti, Armenteros y Vitienes envasa desde su subsidiaria INDUVECA con el aporte de leche nacional la prestigiosa Parmalat -una marca originaria de Italia asentada por décadas aquí que también empaca néctares. Al adquirir la línea de los productos de ARLA -una cooperativa nórdica fundada en 1881 con presencia en más de 100 países- que operaba Mejía Arcalá, ahora importa y distribuye en RD la afamada marca Milex a precios competitivos.

Los empaques Milex, pedagógicamente ilustrados, nos dicen que los granjeros de ARLA están comprometidos a proveer leche de la más alta calidad al tiempo de reducir el impacto ambiental. Con “vacas mimadas”, priorizan el bienestar del animal en “áreas de descanso limpias y cómodas”, cuidando “celosamente su salud y alimentación”. Todo conduce al “bienestar en cada vaso”, ya que Milex se elabora con leche fresca natural 100 % no reconstituida. Entera, Descremada y Semidescremada.

La multinacional suiza Nestlé Dominicana, con su planta industrial en San Francisco, elabora con insumos locales las leches evaporada Carnation (“#1 en RD”), condensada en lata La Lechera, y en polvo Nido, que suple a satisfacción al mercado nacional y exporta a la región.

La eficiente Distribuidora Corripio, amparada en el TLC con Centroamérica, lleva décadas colocando en las góndolas golosas toda la línea de Dos Pinos, una cooperativa costarricense que conocí en 1991 en San José, de aceptación regional. El entusiasmo lácteo de los Corripio los llevó a lanzar La Granja, bajo el Grupo Lácteo del Caribe con planta en el Parque Industrial Duarte, para competir en el segmento primario de precios.

Los supermercados Bravo (“Expertos en vender barato”), con la tutela creativa de Rafael Monestina, han empacado en Asturias sus leches marca b, empleando también a Polonia y Alemania. Esta semana todas provenían de España: Entera 3.5 % grasas $59; Descremada, Semidescremada y Sin Lactosa, entre $49 y $52. Adquirí la novedosa Leche +Proteína, $99 y la Oveja Semidesnatada de Cooperativa Andaluza COVAP, $199. Y de Brasil su Leche Condensada, para figurarme niño en los 50 merendando con galletas de soda Keebler.  

Líder, marca de CCN que se encuentra en El Nacional y Jumbo, invita a ingresar al Bar Lácteo de La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick. A degustar de las ubres ibéricas en toda su gama, a precios que oscilan entre 49/52/59 pesos. En envases ilustrados cuadrados Tetra Pak, fácilmente identificables las opciones por su diseño en marco impecable blanco con franjas roja, verde, azul marino y glauco.

WALA es seña del Grupo Ramos fundado por don Román Ramos Uría, un entrañable amigo de alma noble, emprendedor tenaz y servicial que dejó una estela de bienaventuranzas al escoger como destino nuestro suelo, desde su asturiana Pola de Allande. En sus plataformas La Sirena (Multicentro y Market) y Aprezio se encuentran leches Entera (rojo), Descremada (verde) y Semidescremada (azul), elaboradas en España, Alemania o Unión Europea, disponibles desde 49/52/59 pesos. Así como el litro de Evaporada de Alemania por $159.

Para no quedar rezagadas, Plaza Lama encarga a Polonia su marca Gold e Hipermercados Olé hace lo propio con Olé en la Unión Europea. Mi estimado Felito García, desde su emplazamiento industrial y comercial de La Fabril en Santiago, importa y distribuye Kanny, producida en Puerto Rico, en UHT como en polvo.

En 2025 importamos US$480 millones en leche y productos lácteos, registrando un crecimiento de 105.8 % desde 2019. Aun así, nuestras vacas continuaron ordeñándose diariamente, como Dios manda, generando en torno a 2.7 millones de litros en cada jornada, acercándonos a mil millones al año.

Estas reales servidoras comunitarias, se esmeran en producir con eficiencia en proyectos como Rancho España y otros emprendimientos meritorios en las zonas ganaderas tradicionales. Proveen cerca del 60 % de su leche para procesar quesos frescos: crema, de freír, “amarillo” (el chédar criollo de los derretidos de Payán), de hoja, mozzarella para las pizzas, Edam para los nostálgicos del Geo. Y la creciente elaboración de yogurt. El PAE se beneficia de sus tetas ubérrimas para que nuestros “becerritos” crezcan sanos y fuertes.

En 1976, junto al inolvidable rector Hugo Tolentino, su esposa Ligia Bonetti y un grupo de funcionarios de la UASD, siendo yo director de Investigaciones Científicas, fuimos atendidos por Ramón “Mongo” Castro en el Proyecto Genético en Valle de Picadura, al Este de La Habana. En un clima primaveral, las vacas eran ordeñadas bajo el influjo calmo de la mejor música clásica. Para obtener los mayores rendimientos. ¡Ellas, tan mansas y serviciales!

José del Castillo Pichardo, ensayista e historiador. Escribe sobre historia económica y cultural, elecciones, política y migraciones. Académico y consultor. Un contertulio que conversa con el tiempo.