El poeta Moreno Jimenes y el río Soco
El poeta que contemplaba durante horas las aguas del Soco
«Los ríos son inquietos, turbulentos y cambiantes como la literatura. Los ríos tienen todos los estados de ánimo: son amistosos y terribles, son salvajes y caseros como la literatura. No entendamos como un tópico muerto la metáfora de Jorge Manrique: los ríos son la vida no porque vayan al mar y la muerte sino porque están vivos, porque fluyen y cambian y se desmienten y lanzan mil imágenes y se adaptan a todo y son siempre ríos. Por eso los ríos alimentan la literatura, y a los escritores les fascinan los ríos. Y yo deseo con toda el alma recorrer todos los ríos del mundo y convertir cada uno de ellos en una novela interminable…»
(Antonio Costa Gómez: escritor, poeta y novelista español)
Domingo Moreno Jimenes (1894 – 1986), el celebrado poeta fundador del movimiento postumista (1921) fue no solo el verdadero introductor del versolibrismo o liberador del verso de los moldes tradicionales en la poesía dominicana, sino un ser humano un tanto atípico, cuyo proceder o muchos de sus rasgos conductuales rozaban los límites de lo pintoresco. Trotamundos y viajero sin rumbo fijo por los diferentes pueblos del país, aparte de un maletín repleto de sus libros de versos, de él se ha dicho que en los bolsillos de su saco solía llevar arepas, empanadas, cazabe y chicharrón.
«Entre kilómetros y kilómetros y mordiscos y mordiscos y chorreando manteca por todos bolsillos – apunta Ramón Francisco al respecto – Moreno observaba el paisaje nacional con ojos transparentes…» (Literatura dominicana 60, 1969::108)
Por eso no ha de sorprender el momento en que a Moreno se le ocurrió componer el poema «Canto al Soco», cuando ejercía como director en una escuela del Seibo. A propósito, escribe José Rafael Lantigua (1948 – 2025) lo siguiente:
«Es en esa época (durante el gobierno de Ramón Báez) cuando Moreno escribe otro de sus poemas poco conocidos, y que dedicó al modesto río que cruza el poblado de El Seybo. Su «Canto al Soco», que declamaba mientras pasaba horas enteras frente al río contemplando sus aguas, es una demostración viva y sonora del entusiasmo con que Moreno pulsaba entonces las cuerdas de su lira, revelando al mismo tiempo una clara filosofía de la vida…» (Domingo Moreno Jimenes: Apóstol de la poesía, 1980: 44)
«Vas corriendo alegre río,
vas corriendo y vas dejando,
un recuerdo en cada espuma,
y una espuma a cada paso.
Y al mírate correr, pienso,
que Manrique comparara,
tu corriente con la vida,
pues cual tú voluble, pasa.
Y cual rosas tiernas se abren,
las sonrisas de mis labios,
pues, figúrome la muerte,
un gran mar inmenso y raro.
Mientras suenan a lo lejos,
las brumosas campanadas,
del crepúsculo, y la luna,
nos contempla muda y pálida»
Y sobre la emoción que generaba en el alma del poeta el referido río, dice a continuación Lantigua lo siguiente:
«Valentín Giró, uno de los poetas que inició el modernismo en el país, y quien para ese entonces era juez del juzgado de primera instancia de la localidad oriental, le reprochaba a Moreno que se pasara horas largas contemplando el río, mientras una novia que tenía se cansaba de esperarlo que llegara…»
¡Cosas de poetas!