“Elecciones” en Haití
El papel determinante de la diplomacia estadounidense y el rol dominicano
Todo indica que para el liderazgo político estadounidense la solución al problema de violencia y la grave crisis institucional, económica y social que padece Haití pasa por un proceso electoral que legitime nuevas autoridades. Y lo piensan montar antes que termine el año.
Pero en Haití no habrá elecciones. Si no existen las mínimas condiciones de seguridad para acudir a un acto religioso, mucho menos para garantizar la participación política. Pero tampoco tienen un registro depurado de electores, ni infraestructuras para organizar los centros de votación, no cuentan con personal capacitado para montar las mesas y conducir el proceso, ni estructuras logísticas y tecnológicas para conducir el escrutinio y los cómputos del sufragio.
Por lo que el resultado de esas “elecciones” no se determinará en Puerto Príncipe, Cabo Haitiano o Gonaïves, sino en Washington. Y la diplomacia dominicana no puede estar de espaldas a ese proceso, y por el contrario debe esforzarse para que esa decisión no se tome al margen de nuestros intereses. Pues no es poco lo que podría estar en juego.
Actualmente las principales amenazas de seguridad que enfrenta el país son la posible penetración de bandoleros a territorio nacional, y el vacío de interlocución en la lucha contra el crimen transnacional que provoca la falta de control sobre el territorio y la debilidad del gobierno haitiano.
Pero si nos montan un presidente dispuesto a utilizar el anti-dominicanismo para fortalecer y consolidar un liderazgo interno, entonces los problemas adquieren otro matiz. Ya que si Haití lo llegara a dirigir un populista enemigo de este país, podemos esperar cualquier cosa. Campañas infames para afectar el turismo, inestabilidad en el comercio para provocar tensiones sociales, y quien sabe si hasta ataques que se configuran en lo que se conoce como guerra híbrida. Como lo ocurrido en la ciudad autónoma de Ceuta, posesión española en el norte de África, que hace casi dos meses fue atacada por Marruecos fomentando una avalancha de más de ochenta mil migrantes invasores que en cuestión de unas horas cruzaron la frontera marítima, ante la pasividad de las autoridades y el estupor de la ciudadanía.
Y para saber si es una posibilidad, basta echar un vistazo al pedigrí de algunos de los potenciales candidatos a presidente. Claude Joseph, un tipo que no esconde su animadversión hacia la República Dominicana y apela constantemente el victimismo y a la denuncia del supuesto racismo que padecen los haitianos de este lado de la isla; el expresidente Martinelli, quien hizo grandes negocios de este lado de la isla, y sin embargo demostró ser un gran charlatán cuando se montó en la mentira de la apatridia luego de la sentencia TC168 y la campaña contra el país; y Guy Philippe, líder parapolicial sobre quien aún se desconocen las razones por la que fue despachado hacia Haití por los estadounidenses, y el rol que podría jugar en esta transición.
Por tanto República Dominicana no puede permitirse el lujo de descuidarse, y debe aprovechar las buenas relaciones, pero sobre todo la comprensión que tiene actualmente la diplomacia estadounidense sobre la particularidad de la cuestión dominico-haitiana, para evitar a toda costa que pongan a dirigir Haití a alguien que intente fastidiarnos.