Un país de contrastes

Grandes contrastes reflejan la disociación social y económica requerida para un desarrollo compartido

Las dos caras del crecimiento económico en la República Dominicana. (Shutterstock)

La República Dominicana cuenta con 42 microclimas que abarcan desde desiertos hasta lomas escarchadas. Pero lo llamativo son los contrastes socioeconómicos.

Continuamente nos informan un cúmulo de noticias económicas positivas, con indicadores característicos de una economía boyante con bajo desempleo que ha alcanzado el nivel de ingreso medio estimado en USD 13,000 por persona para 2026. Se planea duplicar esto en pocos años, colocándonos eventualmente en la categoría de ingreso alto junto con Barbados y Costa Rica. Desentonan con esto los continuados viajes ilegales hacia EE. UU. ¿Qué motiva a lanzarse en una yola al mar más profundo poblado de escualos?

Y aquí otro misterio en los contrastes. A pesar de los peligros: pueden ser engañados por los organizadores, no sobrevivir, ser atrapados al salir o llegar, no lograr empleo productivo que les permita remitir algún excedente como repago y aun sobrellevando todo esto continúan expuestos a ser encarcelados y deportados en cualquier momento; estas personas de escasos recursos logran recaudar cantidades significativas de fondos (desde USD 1,200 hasta USD 10,000) para financiar tales viajes ilegales.

¿Por qué, si tienen acceso a fondos de esta magnitud como empréstitos de alto riesgo no los utilizan para establecer empresas productivas locales? A saber, las tasas de interés formales (y por tanto informales) en R.D. son de las más altas de la región.

Otras explicaciones pudieran ser que el mercado de su entorno es muy limitado, que existan obstáculos burocráticos, u otros, al emprendedurismo, o simplemente, falta de visión y talentos productivos. Es común ver a turistas desarrollar exitosas empresas en lugares otrora abandonados.

También pudieran invertir en estudios, pero esa vía suele ser de larga duración y con un retorno relativamente bajo que, además, no suele conducir a las aspiraciones de vida superlativas y exhibicionistas deseados. Porque en la más remota choza hay gente con internet pendiente de las vidas de las susodichas estrellas cuando pudieran estar aprendiendo habilidades para mejorar sus vidas y la de su familia.

Existen otros indicadores desalentadores para el desarrollo. Nuestras cárceles están llenas de presos preventivos, reflejo de un régimen judicial muy deficiente e injusto. El tránsito parece una corrida de toros. El régimen de tenencia de tierras es accidentado y propenso a engaños judiciales. La cadena de sobornos para la formalización puede ser extensa. Más de un inversionista extranjero ha desistido de proyectos que hubieran sido muy provechosos al país por esta razón.

A pesar de clasificar en la retaguardia de las evaluaciones internacionales PISA en matemáticas y lectura, existen 72 universidades y centros de altos estudios produciendo graduandos a tropel. Y aquí otro dilema: los más calificados suelen irse del país, y muchos de los que regresan con calificaciones y experiencia no encuentran adecuada inserción. El resto no califica de bachiller. Al autolimitarse a la mediocridad, el sistema ahoga su propia excelencia. 

Tristemente, hay buena remuneración para lo indebido. Tenemos cerebros tan hábiles que sistemas bancarios y comerciales internacionales han debido bloquear sus operaciones con R.D. por la alta incidencia de fraudes. Pena que no los podamos aprovechar productivamente.

Así, existen burbujas sociales y económicas muy disociadas entre sí que los promedios disimulan.

¿Es aceptable, lógico, o sostenible un binomio que conjuga el primitivismo social con el avance técnico y económico? La riqueza, sin cierta civilidad circundante, carece de sentido. Ante estas disyuntivas solo existe una respuesta, y excede lo obtenible por una infinidad de subsidios.

Se requiere de una institucionalidad coherente que promueva la productividad y el civismo a todos los niveles, desde la más remota comarca hasta el helipuerto más encumbrado. 

Economista Senior de Intelligent Economics Dominicana y Consultores Actuariales SRL.