El estornudo demócrata
Reflexiones sobre el futuro político y social de Latinoamérica
El lenguaje coloquial es sabio. Cuando decimos que nos da gripe si Estados Unidos estornuda, decimos una verdad como un templo. No hay manera de evadir el contagio: si en una infrecuente osadía tomamos antigripales políticos, la reacción estadounidense es la injerencia que mueve los hilos. La gripe, cuando no la bronquitis, ha sido siempre inevitable. Abril de 1965 pervive en la memoria de algunos.
No ocurre solo en la República Dominicana, cada vez más alineada con las políticas trumpistas. Ocurre ahora en una América donde esperpentos como Javier Milei o Abelardo de la Espriella han convertido sus gobiernos en carpas de circo. La asistencia a las funciones es menor cada día, pero ellos continúan impertérritos mirando hacia el lado opuesto al que miran sus gobernados.
La llegada del segundo gobierno de Donald Trump le dio alas a este tipo de políticos. Desde Honduras a Chile, no ha habido elecciones en las que el trumpismo no haya intervenido. Ahí está la “elección” de Nasry Asfura, alentada sin ambages por Trump. Aunque la guinda del pastel es el secuestro de Nicolás Maduro y la entronización de una Delcy Rodríguez que ha roto el molde de la sumisión a Washington.
Desde luego, una cosa es la retórica excrementicia de un Milei o el cuidado de las formas por José Antonio Kast, admirador declarado de Augusto Pinochet, y otra distinta lo que los gobiernos de derecha vienen haciendo con sus países: están en peor situación que cuando ganaron la presidencia prometiendo “salvarlos”.
Su deterioro no es el sueño húmedo de zurdos resentidos. Es la constatación de una entidad nada sospechosa de progresismo como el Citigroup Inc., un conglomerado financiero y de inversión entre los más grandes del mundo.
El pasado 20 de octubre, la revista Bloomberg en Línea publicó la preocupación de Ernesto Revilla, economista jefe para América Latina del Citigroup, por la rápida pérdida de apoyo ciudadano y por la desaceleración de sus economías. Proyectó porcentajes desfavorables aunque, agregó, el panorama podría mejorar si hacen su trabajo. Mientras el péndulo oscila, aumentan la pobreza y el recorte de derechos sociales a cargo de los paladines del libre mercado.
El arrollador triunfo de los demócratas en las midterm quizá contribuya con la recomposición de las fuerzas políticas latinoamericanas. Pero es solo una posibilidad que puede diluirse en el tiempo. La mayoría de los gobiernos de derecha han sido elegidos muy recientemente, excepto el de Milei, que enfrentará el juicio ciudadano en octubre de 2027. Lo que puede pasar en el interín es impredecible.
Si el progresismo latinoamericano quiere recuperar el espacio del que fue desplazado por las urnas, debe morigerar su entusiasmo con el último estornudo (esta vez popular, no colonial) estadounidense. Entender que la culpa de su debacle no es el pobre que vota a la derecha. Recuperar la confianza de la gente cambiando la interpretación de la realidad. Ser crítico despiadado de los propios errores y no cerrar los ojos frente a la insolvencia social y política de la democracia. Engavetar el listado de eslóganes nostálgicos y sustituirlo por una lucha social con objetivos concretos.
(La República Dominicana no cuenta en este posible rediseño del futuro. Gobierno, oposición y ciudadanos somos gozosos habitantes del país de Narnia. Entre el parloteo y el mito, se nos volatiliza el tiempo).