Donde no deberíamos estar
La diáspora dominicana frente al nuevo ataque del debate migratorio
Donald Trump volvió a agitar el debate migratorio al publicar una lista de nacionalidades cuyos hogares reciben más beneficios sociales en Estados Unidos. Entre los primeros lugares aparece la República Dominicana. No es una lista en la que deberíamos estar. No por vergüenza ajena ni por sumisión a narrativas extrañas, sino porque contradice una verdad ampliamente conocida: la capacidad de trabajo esforzado del dominicano.
La diáspora dominicana se ha construido, durante décadas, sobre el sudor de jornadas largas, oficios duros y una ética del rebusque que permitió levantar familias, negocios y comunidades enteras. Nueva York, Nueva Jersey, Massachusetts o Florida están llenas de historias de sacrificio que no encajan bien con la imagen de dependencia que sugieren estos datos.
Conviene leer la letra pequeña: la medición habla de hogares, no de individuos; basta con que un miembro reciba asistencia —salud, alimentos, vivienda— para que el hogar completo cuente. Aun así, en el debate público estadounidense, la precisión técnica importa poco cuando el dato sirve como munición política.
En un contexto donde la inmigración se discute en clave de carga y no de aporte, aparecer en esa lista nos deja mal parados. Refuerza estereotipos y debilita el relato del inmigrante trabajador que aporta más de lo que recibe.