Talentos que hacen florecer
El de Jesús D’Alessandro pertenece a esa estirpe
Bienvenido el talento que no hace ruido, pero cambia el paisaje. El de Jesús D’Alessandro pertenece a esa estirpe: arquitectos que no se conforman con levantar muros, sino que piensan cómo hacerlos respirar. Su jardín vertical patentado es una solución técnica contra el calor y el ruido y un gesto de inteligencia creativa en un país que ya viene cargado de color, luz y exuberancia natural.
Su propuesta conjuga dos virtudes poco frecuentes juntas: imaginación e ingenuidad. Imaginación, en el sentido más noble de la palabra. La capacidad de mirar un problema cotidiano —fachadas que se recalientan, ciudades que se vuelven hostiles— y responder con algo aparentemente simple: módulos, plantas, sombra viva. Como si la solución hubiese estado siempre ahí, esperando a que alguien la ordenara.
En un país donde el verde es idioma y la flor no desentona, resulta casi natural imaginar edificios cubiertos de jardines, fachadas que refrescan el aire y devuelven dignidad visual a la ciudad.
Ojalá pronto veamos más muros vestidos de vida. No como extravagancia, sino como sentido común tropical en una geografía, como dijo el vate, situada en el mismo trayecto del sol. La creatividad aliada con el clima y el talento escucha al entorno, y la arquitectura deja de ser cemento para convertirse en paisaje.