No queremos oler el dinero
La desaparición del dinero físico y el auge de una economía sin contacto
Hubo un tiempo en que el dinero tenía olor y una textura reconocible. Pasaba de mano en mano, venía sudado, arrugado, cargado con la historia invisible de todos los bolsillos que había visitado. Hoy, en cambio, cada vez más dominicanos pagan sin tocarlo, no porque el dinero haya perdido importancia, sino porque ha cambiado la forma en que se relacionan con él.
Las cifras recientes del sistema de pagos confirman algo que ya se percibe en la calle, en los comercios y en los teléfonos móviles: transferencias instantáneas, tarjetas y pagos electrónicos están desplazando al efectivo con una velocidad que hace apenas una década parecía impensable. Más que un simple cambio tecnológico, se trata de una transformación cultural. El gesto de pagar se ha vuelto más abstracto, más limpio, más cercano a lo que ocurre en las economías desarrolladas.
Hay una relación con el dinero más acorde con una vida cotidiana cada vez más digitalizada. El efectivo empieza a parecer una reliquia de otro tiempo, como las libretas de ahorro o los cheques, que sobreviven más por inercia que por verdadera necesidad.
Los dominicanos ya no quieren oler el dinero. Prefieren que circule rápido, seguro y casi sin tocarlo. Eso dice mucho más del país que muchas estadísticas.
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