Hay que meterlos en cintura
La urgencia de regular la movilidad alternativa antes del caos
Lo han hecho París, Madrid, Bogotá y hasta ciudades medianas que entendieron a tiempo que la modernidad también se regula. Aquí, en cambio, como siempre, esperamos que la epidemia nos estalle en la cara para entonces improvisar un “plan piloto” que nadie cumple.
Las patinetes eléctricas han llegado con la misma velocidad con la que se han adueñado de las aceras. Y las aceras, en cualquier civilización mínimamente seria, son territorio sagrado del peatón, del envejeciente, de la madre con coche, del estudiante distraído, del ciudadano que simplemente camina sin casco ni reflejos de Fórmula 1.
Pero no. Aquí las patinetes compiten por espacio, zigzaguean como si el pavimento fuera pista privada y, cuando no atropellan, obligan a saltar, esquivar o resignarse a caminar con miedo. Como si no bastara el ejército de motoristas suicidas que ya convirtió nuestras calles en un videojuego macabro.
Lo peor es que se presentan como símbolo de progreso, cuando en realidad son otro síntoma de desorden. La movilidad alternativa es necesaria, sí. Pero sin normas claras, sin sanciones, sin rutas definidas y sin autoridad que haga valer la ley, se transforma en anarquía con batería recargable.
Hay que meterlos en cintura. A todos. Antes de que el futuro llegue, como siempre, atropellándonos.