La presa de Hatillo está envenenada
El costo social y económico de la permisividad ante los vertidos venenosos
El dramático caso de la presa de Hatillo, llena de toxinas peligrosas para los humanos, animales y siembras, es lamentablemente, la culminación de un proceso de degradación ambiental que se ha ido incubando por años en nuestro país. La transformación de un ecosistema en un foco de contaminación tóxica tiene raíces profundas en la falta de políticas ambientales consistentes.
Pero también se debe a la permisividad frente a vertidos venenosos, el uso intensivo de fertilizantes y agroquímicos, así como la insuficiente gestión del agua y del territorio que facilita la proliferación de cianobacterias y algas que liberan toxinas peligrosas para la vida humana, animal y vegetal.
Esta degradación es ecológica, social, económica y ética. La ausencia de monitoreo efectivo, la debilidad institucional para aplicar la ley y la falta de visión de largo plazo han permitido que un valioso recurso se deteriore hasta amenazar la salud pública, los cultivos y la biodiversidad de todo un corredor ecológico que llega hasta la bahía de Samaná.
El verdadero remedio exige una intervención estatal estructural, con diagnóstico científico, control de fuentes contaminantes, restauración del equilibrio ecológico y compromiso ciudadano. Sin ello, correremos el riesgo de que esta tragedia ambiental sea solo una más en la lista de pérdidas irreversibles.