La otra lección del Clásico

El futuro del béisbol dominicano no comienza en las academias profesionales, sino en los parques de barrio

El Clásico Mundial de Béisbol reconfirma una verdad: el extraordinario poderío del béisbol dominicano. Hemos visto a nuestros peloteros exhibir talento, disciplina y una excelencia que durante décadas ha colocado al país entre las grandes potencias de este deporte.

El éxito de nuestros jugadores en los grandes escenarios internacionales no puede ocultar una debilidad creciente en la base del sistema: el desarrollo del béisbol infantil y juvenil.

Las ligas pequeñas y los torneos barriales fueron el primer semillero del talento dominicano. Allí se formaban no solo habilidades deportivas, sino también disciplina, compañerismo y sentido de comunidad. Hoy ese tejido deportivo se ha debilitado notablemente. Muchas de esas ligas han desaparecido o apenas sobreviven.

Como consecuencia, una parte importante de los nuevos talentos surge casi exclusivamente de las academias vinculadas a equipos de Grandes Ligas. Estas escuelas cumplen una función importante, pero no pueden sustituir el papel social y formativo que antes desempeñaban las ligas infantiles y juveniles.

Si queremos que el béisbol siga siendo una fuente de orgullo nacional, debemos volver a fortalecer esa base. Porque el futuro del béisbol dominicano no comienza en las academias profesionales, sino en los parques de barrio donde los niños aprenden, por primera vez, a amar el juego.


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