El ojo humano en la pelota
El béisbol y su resistencia tecnológica frente al error humano
El béisbol, deporte de estadísticas obsesivas y precisión milimétrica, sigue siendo paradójicamente reacio a la tecnología para reducir el error humano. En otras disciplinas, ese debate quedó atrás hace tiempo. En el fútbol, el más popular del planeta, el VAR interviene en las jugadas decisivas y el fuera de juego se mide con una exactitud casi quirúrgica. Medio centímetro basta para invalidar una jugada. En el tenis, el sistema electrónico detecta si la pelota toca apenas la línea o cae fuera por un suspiro, y hasta el roce imperceptible de la malla en el servicio queda registrado.
El béisbol, sin embargo, sigue defendiendo un territorio donde el juicio humano conserva un peso absoluto: la zona de strike. Ese rectángulo imaginario que, según el reglamento, debería ser objetivo y uniforme, continúa dependiendo del ojo —y a veces del temperamento— del árbitro detrás del plato. Para los bateadores es una lotería; para los lanzadores, una frontera movediza. ¡Si lo sabremos los dominicanos que seguimos con pasión el Clásico Mundial!. E partido contra EE. UU nos recordó que, en pleno siglo XXI, una pelota apenas fuera del plato puede convertirse en strike y una dentro quedar cantada bola. El drama forma parte del juego, sí. Pero también del error.