El derriengue en dominicano

Un jugo de limón, un chin de voluntad y a seguir

El derriengue es uno de esos diagnósticos fuera de manuales y dentro de la vida. Es ese cansancio que no se mide con termómetro, pero que obliga a sentarse aunque no haya silla. No es enfermedad, sí estado de ánimo con cuerpo incluido. En el merengue icónico Juanita Morel, es debilidad por el lado del amor comprometido.

Aquí, el derriengue aparece por todo: una gripe mal curada, una noche sin dormir… o una factura de la luz que llega con vocación de susto. El dominicano, que resuelve casi todo, también se derrenga, y lo anuncia con gravedad teatral, como si el mundo debiera pausar.

Ahora bien, conviene poner las cosas en su sitio. El ruido globalguerras lejanas, tensiones como la de Irán— puede inquietar, pero no debería tumbarnos. No estamos para derriengues colectivos cada vez que el mundo se estremece. Bastante tenemos con los propios.

El peligro no es el cansancio físico, que pasa, sino el derriengue cívico: ese que nos deja sin energía para exigir, construir o corregir. 

Con todo respeto al malestar criollo, toca espabilar. Un jugo de limón, un chin de voluntad y a seguir. Porque si algo ha demostrado este país es que puede con mucho más que un simple derriengue… incluso cuando insiste en tenerlo.

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