La epidemia que se expande

Cada feminicidio es una derrota colectiva

Julia Álvarez describió a Salomé Ureña en En el nombre de Salomé como una mujer fuerte, siempre en lucha contra la adversidad, que abrió caminos para que las dominicanas accedieran a la educación. Más de un siglo después, ese legado parece convivir con una realidad que lo contradice.

Nancy Sánchez Gálvez de Vallejo, asesinada por su pareja, también conoció la adversidad. La venció para graduarse como enfermera y construir un proyecto de vida propio. Como tantas dominicanas, apostó por el estudio, el trabajo y la superación. Pero el esfuerzo individual no basta cuando la violencia sigue encontrando espacio en los hogares y en las relaciones de pareja.

Cada feminicidio representa una derrota colectiva. No se trata solo de una estadística que aumenta ni de un titular que conmueve durante unos días. Es la confirmación de que persisten patrones culturales, silencios familiares y fallas institucionales que permiten que muchas mujeres continúen viviendo bajo amenaza.

El país exhibe avances en educación, participación y oportunidades para las mujeres, pero queda abierta la pregunta sobre por qué los feminicidios son tan frecuentes. 


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