Urbanizar también exige límites
El desarrollo es necesario, también preservar
Hace unos días, unos dominicanos residentes en Nueva York regresaron a San Francisco de Macorís para reencontrarse con la tierra donde nacieron hace más de seis décadas. La emoción del viaje se mezcló con una sorpresa: muchos de los terrenos que recordaban cubiertos de cultivos hoy son urbanizaciones. La escena resume una transformación que se repite en distintos puntos del país.
El empresario Fernando Capellán planteó recientemente en su cuenta en X la necesidad de definir con claridad qué suelos deben ser agrícolas y cuáles urbanos, una reflexión que cobra fuerza ante el acelerado crecimiento de las ciudades.
El desarrollo es necesario, pero también lo es preservar la capacidad de producir alimentos. Cada parcela que cambia de uso representa una decisión que trasciende el presente. El reto no consiste en detener el progreso, sino en planificarlo con visión de futuro para que el cemento no termine desplazando aquello que, durante generaciones, sostuvo la vida y la economía de nuestras comunidades.
La tarea está planteada, con responsabilidad compartida en los entornos públicos y privados.