Faride no dispara sola

Quienes conocen a la ministra difícilmente la identificarían con una doctrina de “darle pa’ abajo”

Cada vez que la Policía Nacional protagoniza un nuevo desatino, el dedo acusador apunta de inmediato hacia Faride Raful. Como si la ministra de Interior y Policía fuera la comandante operativa de cada patrulla o la autora intelectual de cada desafortunado “intercambio de disparos”.

La exsenadora tampoco ayuda siempre a su causa. Tiene la desafortunada inclinación de responder algunas preguntas con un tono que parece sugerir que cuestionarla equivale a no entender el problema.  Otra cosa es convertirla en la responsable exclusiva de una reforma policial que lleva años atrapada entre inercias, resistencias y una autonomía institucional mucho mayor de la que admite el organigrama oficial. La dependencia de la Policía respecto del Ministerio de Interior y Policía existe en el papel; en la práctica, la institución conserva amplios márgenes de decisión y una cultura propia, poco permeable a los cambios.

Quienes conocen a Faride difícilmente la identificarían con una doctrina de “darle pa’ abajo”. Esa no ha sido su trayectoria ni su discurso.

Administremos las culpas con la misma prudencia con que deberían administrarse las armas. Dejemos respirar a la ministra. Ya habrá tiempo de volver a juzgarla cuando llegue —ojalá no llegue— el próximo “intercambio de disparos”. Si la reforma sigue avanzando al paso actual, ese examen, lamentablemente, no tardará demasiado.

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