El calor nos roba sueño y ensueño
Santo Domingo y Santiago pierden hasta 84 horas de descanso al año
Dormir nunca había parecido un acto de insistencia. Sin embargo, los estudios comienzan a poner cifras a una sensación que millones conocen de memoria: el calor ya no solo incomoda, sino que nos arrebata horas de descanso. En sectores de Santo Domingo y Santiago la pérdida anual alcanza hasta 84 horas. Detrás de ese dato se esconde una realidad más inquietante: cuando se pierde el sueño, también se erosiona la salud, la productividad, el humor y, poco a poco, la esperanza.
Los trópicos parecen estar pasándonos factura. Durante décadas hemos talado bosques, cubierto de cemento ciudades enteras, reducido las áreas verdes y convertido el aire acondicionado en una solución individual a un problema colectivo. Ahora la naturaleza responde con noches cada vez más sofocantes.
El cambio climático suele presentarse en imágenes espectaculares: huracanes, incendios, inundaciones o sequía. Pero su rostro más cotidiano es una almohada caliente. Una ventana abierta que no refresca. Un ventilador que mueve aire tibio. Un amanecer que llega sin haber conciliado un sueño reparador.
Nos agobia el calor, nos quita el sueño y también el ensueño. Una sociedad que duerme menos termina soñando menos. Y ese quizá sea el costo más alto de un planeta que nos devuelve, inexorablemente, parte de lo que le hemos quitado.